LIBROS CON PAGINA PROPIA

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Ilustración de Francisco Meléndez para "Los cuentos del mago y el mago del cuento"

mi otro blog en castellano

cuentosdelmagodelcuento.blogspot.com


es mi segunda página web en castellano. Los cuentos del mago y el mago del cuento es el primer libro que publiqué en España (en 1995) y marca una etapa completamente nueva de mi trabajo literario que comenzó en 1987 con la redacción del cuento "El paraguas amarillo", incluido desde la versión brasileña de 1991 de este libro... que sirvió de caldo de cultivo a algunos de mis mejores libros e incluye un pequeño ensayito sobre mi concepto de literatura infantil. Quedan ustedes cordialmente invitados...

pour mes amis français, j'ai créé une autre page
http://auteurjeunessedecuba.blogspot.com/

26/7/14

Alejandro Dumas: el escritor mulato y el general negro

Monumento a Alejandro Dumas en la plaza del General Catroux, París

El 24 de julio de 1802 nació Alejandro Dumas. El feliz acontecimiento tuvo lugar en Villers-Cotterêt, una pequeña localidad situada al este de París (una media jornada a caballo en tiempos del susodicho, y menos de una hora en tren actualmente). Era una zona boscosa de la Picardía muy apreciada como coto de caza de la nobleza por la que pasaron las tropas revolucionarias de las que formaba parte un joven oficial mulato, Alexandre Thomas Dumas. El y la hija de un hostelero acomodado se enamoraron y él prometió volver cuando su situación fuese mejor y así lo hizo, ya con grados de general y cubierto de gloria, para casarse. Tuvieron tres hijos, si mal no recuerdo, uno de ellos el futuro novelista Alejandro Dumas, autor de “Los tres mosqueteros”, “El conde Montecristo” y otras muchas y populares novelas, libros de viaje, cocina, etc. Dumas padre (así llamado porque su primer hijo, su homónimo también fue escritor, pero con una sola obra famosa: “La dama de las camelias” que inspiró la gran ópera La Traviatta) fue tan rico que hizo construir un precioso capricho, perdón castillo, en las alturas que rodean París, dándole por nombre el seudónimo de su mejor personaje, Edmundo Dantés.


monumento a Dumas (con D'Artagnan) en París

modelo para la escultura de D'Artagnan
 

 
 
 
 
 
Hace menos de dos semanas cerró sur puertas en París la exposición “Mosqueteros”, dedicada a ese cuerpo armado de los siglos XVII-XVIII al que pertenecieran los tres famosos y D’Artagnan. Los cuatro protagonistas de la novela de Dumas existieron, pero el que mâs se parece al personaje real en que se inspiraron Dumas y su colaborador “científico” Maquet, fue D’Artagnan.
 
A la derecha, manuscrito de "Veinte años después" (Dumas) y a la izquierda, primera edición de  "Las memorias del Caballero D'Artagnan" (1700) y (abajo), manuscrito de "Los tres mosqueteros" en la versión de trabajo de Auguste Maquet.


No resistí la tentación de fotografiarme con una casaca de mosquetero, colgadas a la entrada de la exposición. Se trata de una mala reproducción tipo atrezzo teatral, pero en realidad no se conserva ninguna de época. Dumas llegó a conocer a uno de los últimos mosquetero aún en vida, el pintor Jericho, al cual entrevistó en su lecho de muerte… sin saber que había sido mosquetero en su juventud y sin tener, por entonces en mente, la escritura de sus tres mosqueteriles novelas.

De esas diversas épocas había en la exposición armas, cuadros, grabados, objetos… Por ejemplo un uniforme de gala de una de las dos compañías de mosqueteros (los llamados “grises” y los llamados “negros”) que hubo; pero tampoco era de la época de los tres que en realidad eran cuatro.

 
En la novela de Dumas se habla mucho de espadas, pero fue el mosquete (pensadísima escopeta de chispa y pedernal) el que dio nombre al cuerpo de élite de la guardia real del que el auténtico D’Artagnan llegó a ser el máximo jefe (después del rey, que era el comandante en jefe), además de ocupar otros cargos militares de importancia, sobre todo en tiempos de Luis XIV. Al morir en combate, ya con unos 60 años, en el asedio de Maastricht (Holanda), D’Atagnan era mariscal.
 
 
 
Gracias a los elementos audiovisuales había muestras de ello en varias pantallas. Exposición dinámica y moderna, también se pudo apreciar una animación de los excelentes dibujos anatómicos que ilustraron un manual de esgrima del siglo XVII, e incluso el ruido y el olor del mar en los dispositivos elaborados para la parte de la exposición consagrada al sitio de la ciudad portuaria de La Rochelle. Aunque en la novela este episodio apenas sirve para mostrar una vez más en ensañamiento de Milady y dar una muestra de la importante actividad militar que cumplieron los mosqueteros, fue esta en realidad una batalla tan importante que Luis XIII y Richelieu en persona dirigieron las operaciones. De este hecho histórico se conservan las armaduras que usaron ambos personajes. La del rey pesaba 26 kg y la de Richelieu más de 40. Sin dudas, con tal equipo, no había bala de mosquete que pudiera herirlos, pero solo a caballo podían moverse con ellas. De hecho, solo altos oficiales y responsables llevaban armadura integral. Los soldados (y mosqueteros) se limitaban a protegerse con corazas y cascos más ligeros.


A la izquierda, armadura de Luis XIII y al centro la de Richelieu
Como ya dije, D’Artagnan fue un personaje real, pero no se conserva imagen alguna. En la exposición había un grabado de algunos años después de su muerte que no tiene la menor garantía de semejanza; pero fue tan famoso que sí aparece en pinturas y grabados, pero como figura de grupo, sin detalles que permitan conocer su verdadera fisonomía. Obviamente, de Richelieu, Mazarino, Luis XIII, Ana de Austria y el Duque de Buckingham, entre otros personajes reales, sí hay abundante iconografía.

Imagen de época (no confirmada) del verdadero D'Artagnan y cuadro de época (veridico) de Richelieu durante el asedio a La Rochelle.
 
 
Ana de Austria con los famosos "ferretes" que alimentan uno de los mejores momentos de la trama de "Los tres mosqueteros". Como muestra el cuadro, no eran adornos para las orejas o el cuello, como muestran algunas peliculas, sino una especie de alfiler ornamental para las muchas cintas que adornaban entonces los vestidos de damas y caballeros (de ahî que el Duque de Buckingham pudiera usarlos los mismo que su supuesta amante, la reina de Francia.


Dumas y su colaborador Augusto Maquet (que investigaba y escribía una primera versión) se inspiraron en documentos de épocas más cercanas a la vida del auténtico Charles de Batz, en primer lugar una biografía bastante libre titulada "Las memorias del caballero D’Artagnan…” de la que se exponía un ejemplar de la edición de 1700, y las verdaderas memorias de La Rochefoucauld. De Dumas y Maquet se exponían sendos manuscritos: el de la primera redacción de "Los tres mosqueteros", de la mano de Maquet, y el de la redacción final de "Veinte años después" de la mano de Dumas (que siempre escribía en grandes hojas de papel azul claro y casi no corregîa).
 
Caricatura de Dumas en la época de sus popularísimas novelas de mosqueteros


Alejandro Dumas es el 13er escritor más traducido en el mundo y el segundo francés (precedido por Julio Verne, que es el segundo autor más traducido del planeta) y seguido por Georges Simenón (17° lugar),  Balzac (32°) y Charles Perrault (43°). Sin embargo, su bestsellerísimo “Los tres mosqueteros” se estrenó de manera bien modesta. La primera “entrega” apareció el 14 de marzo de 1844 en la parte baja de la primera página de un periódico sin la menor ilustración (El siglo), pero su fulminante éxito le aseguró un luminoso futuro, no solo por la cantidad de ediciones y traducciones, sino por las innúmeras adaptaciones: al teatro, la historieta, la radio, la televisión, el cine, e incluso a formas menos previsibles como la ópera y el ballet.


 
el primer capítulo de "Los tres mosqueteros" apareció modestamente, un un diario sin ilustraciones

Si a Dumas le interesaron las glorias militares de la época de los dos últimos reyes absolutos de Francia fue no solo porque era propio de la época (años 1840-50 en que desarrolló lo mejor de su carrera novelística) sino porque su propio padre fue un gran militar. El general Alejandro Dumas no  gozó de toda la gloria que merecía por el odio y los celos que generó en Napoleón Bonaparte. El general Dumas nació esclavo en Haití, pero su padre, un colono pobre que al fin regresó a Francia para heredar a su pequeño marqués de padre) lo trajo y le dio la mejor educación posible. Alexandre Thomas no solo era un coloso de cuerpo (cuentan que podía agarrarse a una viga y alzarse a fuerza de brazos… sosteniendo al caballo con sus poderosas piernas) un hombre honrado y digno que renunció al apellido de su esclavista de padre y al título de oficial que éste quería comprarle. Hizo una brillante carrera militar “desde abajo”, con el apellido de su madre, la ex esclava haitiana Cesette Dumas. Una carrera tan brillante y tan alejada de las componendas políticas del bonapartismo que le generó el odio de Napoleón.

 
 
El general Dumas murió de una enfermedad contraída en la prisión en que Napoleón le dejó permanecer al darle largas al pago del rescate que pedían sus enemigos de Francia contra los que Dumas se había batido con tanto coraje e inteligencia. El futuro novelista apenas tenía 4 años cuando murió su general de padre. Dos homenajes indirectos le rindió en sus obras: la descripción física de Porthos y el nombre de Montecristo asumido por Edmundo Dantés: Montecristo era la localidad vecina a la modesta plantación donde vivieran su padre y su abuelos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


 

 

13/7/14

¡Se acabó el fúbol!

 ¡Ertico campeón!
collage a partir de ilustraciones de Ajubel
  
Unas semanas después, Ertico estaba de visita en lo de su abuela y le contó que el equipo de fútbol del colegio debía participar en el campeonato municipal.
-Pero van a pasarlo muy mal porque Manolete, nuestro capitán, está con anginas. Todo el mundo se ha puesto muy triste: unos porque el colegio va a perder el campeonato y los otros porque Manolete está enfermo... ¿Sabes? Él es el chico más popular del cole.
La abuela miró a Ertico detenidamente, pensó un poco y dio su golpecito en el borde de la mesa:
-Lo que tú necesitas es un par de medias.
ilustración de Ajubel, p. 59














El equipo de fútbol del colegio no tardó en verse arrinconado, con marcador de 3 goles a 0. Ya estaba terminando el segundo tiempo cuando Ertico, con las orejas rojas como amapolas, fue a pedirle al entrenador que lo dejara entrar al terreno.
El hombre miró las flacas piernas de Ertico, que parecían todavía más flacuchas con aquellas medias de lana y seda, sombrías y luminosas al mismo tiempo. Ya iba a responderle que no cuando el árbitro expulsó al mejor jugador que le quedaba.


             "Peor no podemos estar", pensó el entrenador, y le dijo:
-Está bien, ve.
Ertico corrió como un fórmula 1, se apoderó del balón, esquivó a los defensas del equipo contrario y metió su primer gol en cuestión de segundos.
Para no cansarte, te diré que el partido terminó 15 a 3, a favor del equipo de Ertico.
Ese día lo subieron a hombros y todos querían andar con él.
Pero con el fin del campeonato y la llegada del invierno, el fútbol se acabó.
Ertico volvió a ser el de antes: callado y flaquito, sentado en medio del aula y solitario en un rincón del patio durante el recreo.
Y al fin fue a ver a su abuela con las medias de futbolista en un bolsillo.
-Gracias, pero no funcionó...
ilustración de Ajubel, p.33














Capítulo 5 de Vuela, Ertico, vuela
[novela publicada por SM (Madrid, 1997) y descatalogada tras vender 96 000 ejemplares]


12/7/14

mi artículo chino

 En 2004, la revista Publicaciones infantiles y juveniles en Chine, presentó una traducción en mandarín de mi artículo « Andersen y Marti : dos cantos para un ruiseñor », estudio comparativo del cuento « El ruiseñor », de Hans Christian Andersen (Odense, 1805 - Copenhague, 1875) que fuera adaptado por el escritor, pensador y político cubano José Martí (La Habana, 1853 - Dos Rios,1895) e incluido en el cuarto y último número de su revista infantil La Edad de Oro (Nueva York, 1889) con el título significativo de “Los dos ruiseñores”. 


tapa de la revista Publicaciones infantiles y juveniles en China

La Edad de Oro, conocida generalmente en formato libro (la primera versión que reunió los cuatro números en un solo volumen fue publicada en Costa Rica, en 1921) ha sido numerosas veces reeditada en Hispanoamérica, donde se la considera como uno de los clásicos de nuestra literatura infantil y juvenil. En Cuba, donde se la reedita frecuentemente, los niños conocen perfectamente esta fabulosa compilación de cuentos, poemas y artículos de temática diversa.


tapa original de La Edad de Oro


primera página del número que contiene "Los dos ruiseñores"

índice del número 4 que presenta también "Un paseo por la tierra de los anamitas", un importante artículo referido al extremo oriente

A diferencia de los otros textos de La Edad de Oro que no fueron escritos por el propio Marti  (los otros dos cuentos son del francés Edouard de Laboulaye, que los había adaptado a su vez de tradiciones nórdicas), “Los dos ruiseñores” no es una simple traducción, sino una versión libre. Los cambios introducidos por Martí reflejan claramente sus ideas políticas y su admiración por la resistencia china al dominio occidental que tenía lugar a fines del siglo XIX. En ese sentido el cuento de Martí es realista, mientras que la versión de Andersen utiliza la China imperial como mero marco exótico. Por otra parte, todo el resplandor de la prosa modernista del gran escritor cubano y su admirable capacidad para comunicarse con los pequeños resaltan en la adaptación.

La primera traducción integral francesa de La Edad de Oro comenzó a publicarse (número a número, como en la versión original) en 2012. Es la iniciativa de la modesta asociación de Lyon (la segunda ciudad de Francia) L’Atelier du Tilde. En febrero del año siguiente, durante la Feria Internacional del Libro de La Habana tuve la satisfacción de presentar los dos primeros números en la Sociedad Cultural José Martí y en el Centro de Estudios Martianos. A esta última institución y a la Biblioteca Nacional de Cuba (que lleva precisamente el nombre del gran poeta, pensador y organizador de nuestra independencia) ofrecí sendos ejemplares de la publicación.
.

tapa del segundo número de la edición francesa (Lyon, 2013)



indice en inglés de la revista china de literatura infantil y juvenil

primera página de mi artículo en mandarín

segunda página de mi artículo en mandarín



última página de mi artículo en mandarín



Hay tres versiones de mi artículo en castellano:

 “Andersen y Martí: dos cantos para un ruiseñor” en Cuatrogatos, revista electrónica de literatura infantil. no 4. Miami, mayo de 2001. http://www.cuatrogatos.org/articulolosdosruisenores.html

“Andersen y Martí: los dos ruiseñores”. CLIJ. Barcelona, septiembre 2001

“Andersen y Martí: dos cantos para un ruiseñor”. Umbral números 17 y 18. Santa Clara, Cuba 2004-2005.

30/6/14

LA LITERATURA INFANTIL IBEROAMERICANA


NOTAS PARA UN VIAJE DE DESCUBRIMIENTO[i]
página de la versión original de La Edad de Oro, de José Martí (1889)



























entrevista del 8 de julio de 2014, a proósito de la LIJ iberoamericana en el programa Juego de Palabras de Radio Universidad Nacional de Mar del Plata, FM 95. 
www.mdp.edu.ar Enlace radio














Con Ana Maria Machado.
Congreso de la IBBY. Basilea, 2002

La creación iberoamericana para niños y adolescentes es hoy una realidad rica y diversa, de alta calidad estética y de real importancia en el mercado cultural de la región. Varios de sus autores (escritores e ilustradores) han recibido reconocimientos internacionales tan importantes como el Premio Andersen (las brasileñas Lygia Bojunga Nunes, en 1982 y Ana María Machado, en 2000, y la argentina María Teresa Andruetto, en 2012), el premio ALMA (de nuevo Lygia Bojunga Nunes, en 2004) y el Premio Iberoamericano SM de Literatura Infantil y Juvenil (las ya mencionadas Machado y Andruetto, así como la colombiana Gloria Cecilia Díaz, el brasileño Bartolomeu Campos de Queiroz y la argentina Laura Devetach), por no mencionar premios de ilustración (más adelante me expreso sobre el papel “literario” que cumple la ilustración en los libros para chicos) como el premio Andersen 2014 del brasileño Roger Melo o los premios Bolonia Ragazzi de los cubanos Ajubel (en la principal categoría, Ficción) y Alba Marina Rivera, los mexicanos Alejandro Magallanes y Javier Martínez Pedro, los brasileños María Carolina Sampaio y Daniel Bueno (categoría Nuevos Horizontes).
Pese a lo antes dicho, si las editoriales occidentales para adultos se disputan los García Márquez, Borges, Vargas Llosa, Cabrera Infante, Padura o Sepúlveda, la mejor informada de las editoriales infantiles está lejos de conocer siquiera los seis nombres más consensuales de la literatura infantil iberoamericana.
Las siguientes líneas intentan explicar por qué vale la pena interesarse en este fenómeno, sin dudas moderno, pero quizás por eso mismo, formidablemente dinánico.

Revueltos, los orígenes
La literatura infantil, en tanto que entidad cultural definida es, en Iberoamérica, un producto del siglo XX. La especificidad del desarrollo económico, social, educativo y cultural de cada país permite un adelanto o retraso de algunos años dentro del proceso global. Salvo raras excepciones (el cubano Martí o el colombiano Pombo), el siglo XIX no fue mucho más que un período de tanteos que repitió caminos ya recorridos por la literatura europea: silabarios, catones, textos para la formación de jóvenes elites, las primeras fábulas en prosa y verso, compilaciones de cuentos populares y de manuales de lectura para la escuela.



ilustración de Eduardo Muñoz Bachs para
"Balada de mis dos abuelos", de Nicolás Guillén









Algunos estudiosos han creído descubrir antecedentes de literatura infantil latino-americana en los primeros siglos de la colonia, e incluso en la palabra cultivada de los tiempos precolombinos. Si entre los mitos y leyendas aborígenes y en las crónicas de la conquista podemos encontrar páginas cuyo contenido fantástico, épico o testimonial resulta interesante y útil al joven lector de hoy, ello no nos autoriza a considerarlas literatura infanto‑juvenil porque carecían de intencionalidad transformada en rasgo tipificador de discurso estético para el destinatario niño o adolescente. Aun cuando ‑invirtiendo el proceso‑ logremos identificar en dichas obras algún que otro rasgo que más tarde caracterizará a la literatura infantil, eso apenas demuestra que lo que los pueblos dan a leer a sus chicos suele tener puntos de contacto con lo que los pueblos crearon durante su propia infancia.
Paralelo procedimiento de asimilación se verifica a expensas de los grandes autores. Cada nación escogerá los suyos entre las filas de sus nacionalistas románticos (Argentina tomará a José Hernández, Colombia a Jorge Isaacs, Cuba a José María Heredia), o acudirá a sus figuras mayores: Neruda en Chile, Rómulo Gallegos en Venezuela, Santos Chocano en Perú...
Evidentemente no es la adecuación al gusto y necesidades infantiles lo que explica la elección de dichas obras sino la importancia histórico‑literaria de sus autores y su aporte a la formación y consolidación de la identidad. Las citadas lecturas ‑totales, parciales o en adaptación‑ son promovidas por la escuela e integradas a los programas de lengua.
Especial es el caso de creaciones que, al tener al niño como interlocutor virtual o tema, utilizan también elementos de su percepción y expresión, lo que proporciona páginas singularmente híbridas en autores del temple de Rubén Darío (Nicaragua), Manuel Gutiérrez Nájera (México) o José María Arguedas (Perú).

De amores que matan y otros peligros

El folklore es uno de los más importantes moduladores y caracterizadores de la literatura infantil Iberoamericana[ii]. Su presencia es tan fuerte que suplanta en algunos casos a la literatura infantil e incluso ‑no es paradójico‑ a la literatura infantil de inspiración folklórica. La hoy superada falta de condiciones para una sostenida actividad literaria y la abundancia de tradiciones orales ‑puestas al servicio de la formación de la identidad nacional y de la instrucción moral‑, provocaron la sobrevaloración del folklore por parte de educadores, editores e incluso escritores. Contribuyó a esto el «neoclasicismo nuevomundista» practicado por sectores de la intelectualidad iberoamericana que valoraban más el rescate de los «oros viejos» que la creación de nuevas joyas. La real o supuesta grandeza del pasado (civilizaciones precolombinas y gesta independentista) y el propio conservadurismo inherente a la escuela prolongan los efectos de esta desviación.
Hasta la primera mitad del siglo XX los sectores de la infancia iberoamericana con acceso a la lectura recibían ‑de autor nacional‑ casi exclusivamente las consabidas reelaboraciones del folklore, y obras en prosa y verso de didactismo generalizado y amanerado lirismo que, con su patriotismo romántico o su realismo denunciador, satisfacían los objetivos moralizantes e instructivo‑movilizadores de los educadores, y no las necesidades estéticas y lúdicas de los chicos. Esta producción se encontraba en el centro del muy iberoamericano enfrentamiento intelectual entre tradicionalismo y modernidad; combate que se desarrolló básicamente en el plano ideológico y raramente se convirtió en verdadera fuerza motora de la evolución de la literatura infantil en toda la vasta y compleja envergadura que la caracteriza.
José Bento Monteiro Lobato
La anterior situación perdurará pese a la aparición periódica de disonantes astros solitarios como el brasileño Monteiro Lobato (años 1920-30), el boliviano Oscar Alfaro (en los 1940) o la chilena Marcela Paz (años 1950), quienes preludian y plantan las bases del movimiento renovador iniciado a la mitad de los años 1960.
Es evidente que el gran problema del libro infantil en Iberoamérica es de orden estructural: la pobreza y la injusta distribución de la riqueza, la escolarización insuficiente o efímera y la precariedad de editoriales, librerías y bibliotecas no pueden ofrecer suelo de suficiente fertilidad a la invención, fabricación y consumo de obras para niños y adolescentes. Como colofón, y cerrándose a la manera de un círculo vicioso, la actividad editorial se ve confinada a un mercado estrecho ‑nacional o regional‑ que prefiere originales de interés o potabilidad geográficamente restringidas. Las bajas tiradas consecuentes exigen un producto barato, lo que dificulta el acceso al mercado mundial y al atractivo terreno de las coediciones, en un panorama que hacen aún más complejo las ofertas de las transnacionales de la edición, generalmente españolas, que casi monopolizan los best-sellers y los costosos álbumes ilustrados (unos y otros son generalmente traducciones... en su mayoría del inglés).
Por otra parte, la poca envergadura de los medios de expresión de las problemáticas sociales y el escaso respeto de la identidad nacional siguen haciendo a la literatura infantil rehén de tareas que no le son inherentes, por mucha tradición que hayan tenido dentro de las prácticas culturales de la región. La nueva forma adquirida por el tradicional didactismo, la narrativa de “valores”, suele limitar la eficaz ficcionalización y el tratamiento profundo y creativo de “nuevas” temáticas sociales e íntimas: suicidio, crisis de la familia, sexualidad, tráfico y consumo de drogas, conflictos armados y desplazamientos de población, destrucción del medio ambiente, etc.
En las últimas décadas se presenta, sin embargo, un peligro nuevo y formidable: los medios electrónicos de comunicación que, con sus formas expresivas y contenidos foráneos, llegan de manera masiva e indiscriminada a los rincones más apartados, allí donde el libro y la cultura alfabética no han tenido todavía implantación. Las nuevas tecnologías de la comunicación, la edición electrónica y los sitios “sociales” no han cumplido sus promesas –por razones diversas- de democratización de una producción literaria de calidad (consolidan, por el contrario, viejas felonías como la piratería y el plagio).
La mayor parte de los países de Iberoamérica ven así amenazado el empeño de transformación de su cultura nacional oral en cultura nacional escrita (tarea concluida por Europa en el siglo XIX). De verificarse, tal catástrofe incluiría el aborto del proceso ‑de formación en unos casos y de consolidación en otros‑ de la literatura infantil en la región.

Eclosión de una primavera anunciada

Tanto o más incluso que otras formas de la literatura, la destinada a niños y jóvenes es espejo de la sociedad en que surge. Depende del interés de las fuerzas sociales por el desarrollo de sus jóvenes y concretamente de la escuela, ya que aun cuando supera el didactismo, sigue teniendo a la institución escolar como  principal ‑cuando no único‑ fomentador de la lectura y cliente.
Es fácil constatar en la producción editorial iberoamericana el predominio de los géneros, temas y estilos accesibles a la más amplia y mejor atendida población escolar: la clase media urbana de entre 7 y 12 años; con desventaja para párvulos y adolescentes, y patente descuido de la población rural, los sectores pobres y las minorías étnicas.
libro de Isol
Es sintomático que países que carecen de auténtico ambiente literario y editorial, como Paraguay o Guatemala, pudieran engendrar escritores vigorosos, innovadores y trascendentes como Augusto Roa Bastos y Miguel Ángel Asturias y que, sin embargo, en el campo de la literatura infantil no se registre nada parecido: sin escuela no hay público infantil masivo ni literatura que se le consagre.
Lo que no significa que este sector de la creación literaria sea menos válido, y sensible a factores subjetivos y pulsiones estéticas. Prácticamente todos los países del subcontinente tuvieron talentos individuales que no vieron al niño como maleable material para la formación del futuro ciudadano, sino un ser dotado de una peculiar percepción, capaz y merecedor de obras donde predomina la función estética. Así podríamos constituir una biblioteca de próceres de la literatura infantil con firmas tan ilustres como las de José Martí (Cuba, 1853‑1895), Rafael Pombo (Colombia, 1833‑1912), Horacio Quiroga (Uruguay, 1878‑1937), Monteiro Lobato (Brasil, 1882‑1948), Gabriela Mistral (Chile, 1889‑1957), Aquiles Nazoa (Venezuela, 1920‑1976) y Oscar Alfaro (Bolivia, 1921‑1963), que completarán obras que titilan aisladas dentro del legado de un autor universalmente conocido por sus libros para adultos como Juana de Ibarburu, César Vallejo o Nicolás Guillén...
Horacio Quiroga
Entre los años sesenta y setenta del siglo XX se produce en todo el mundo occidental una reforma social y educacional progresista y democratizadora que de una u otra manera se integra a circunstancias específicas del continente (procesos políticos, económicos, demográficos y culturales) que posibilitan un salto cualitativo en la evolución de la literatura infantil.
El crecimiento económico, el desarrollo de la clase media y los progresos en materia de democratización política (pese a siniestros intervalos dictatoriales), propician la extensión y modernización de la enseñanza. Esto permite que la literatura infantil se exonere de tareas que mejor corresponden a la escuela, las instituciones políticas, la iglesia o los medios de comunicación masiva, al tiempo que, con la ampliación de la población lectora, se incrementan el número y la especialización de escritores, ilustradores, editores, críticos, promotores...
edición original de "Lejos como mi querer"
de Marina Colasanti


Por su parte, el antiguo complejo de insuficiente valoración de la nacionalidad fue conjurado por regímenes que utilizaron el  nacionalismo como instrumento de legitimidad política y como estrategia de desarrollo económico. Estos procesos se presentan de manera muy acentuada y productiva en Argentina, Brasil y Cuba. En los dos primeros casos funcionan como catalizantes la impopularidad de las dictaduras militares, la saturación del nacionalismo y la necesidad de esquivar la censura. En el caso de Cuba ‑donde el régimen también ha sido autoritario, pero contó con prolongado apoyo popular‑ es esencialmente la contradicción entre las intensas transformaciones sociales y la retórica oficial lo que condujo a una renovación que llegó más tarde que a la Argentina y Brasil, e indudablemente influida por ellos, y por la vanguardia literaria de  Escandinavia, Alemania, Austria y otros países de vanguardia.
La actividad creadora, hasta entonces dominada por cierta inmediatez castradora y por la hipertrofia de la poesía, el relato y sus respectivas desviaciones didácticas, se abre a los géneros más ricos en fabulación y se renueva con recursos tales como la combinación de realismo y fantasía, el humor, la ironía, la parábola, la carnavalización, el metalenguaje, etc. Al mismo tiempo se produce una ampliación de temas y asuntos en el reencuentro con el folklore y la naturaleza, la revisión de la Historia, la prospección en las circunstancias humanas y sociales de nuevo tipo y la influencia de los progresos en materia de psicología, ciencia, artes, comunicación, etcétera.
Argentina, Brasil y Cuba integran el A B C de la literatura infantil iberoamericana. Son ellos los que poseen el espectro genérico y estilístico más completo, con alto nivel de calidad promedio, y los que han hecho aportes más trascendentes, incluso en el terreno de la crítica y la investigación. Se trata en realidad de la vanguardia de un movimiento de literatura infantil moderna que se extiende, desde la década del 80, a Chile, Colombia, Costa Rica, México...

Treinta años de esplendor y un futuro luminoso










María Elena Walsh
La estabilización democrática de los 80 (los 90 en Centroamérica) y las crisis económicas del período se combinan para diseñar un marco de esperanzas y frustraciones en el panorama social, educativo y cultural que dinamizan y frenan alternativamente el desarrollo del libro para niños y jóvenes en nuestro continente. Una mejora en los presupuestos de la enseñanza, en los servicios bibliotecarios y en las economías familiares serviría de extraordinario estímulo a la industria del libro, que luego de consolidarse en los comienzos de las recuperadas democracias, ha sufrido los embates de las crisis económicas y del proceso de concentración que viene remodelando el panorama editorial en la mayor parte del planeta.
En los últimos años, junto a los esfuerzos dispersos y apasionados de siempre y a las viejas editoriales (públicas, universitarias o privadas) sobrevivientes, han aparecido las sucursales de grandes grupos editoriales, por lo general españoles (a su vez pertenecientes a conglomerados aún mayores: estadounidenses, alemanes o franceses), que han creado catálogos de autores nacionales cuya producción se organiza (y a menudo se formatiza) en colecciones y series por edades, reconocibles por sus maquetas y colores. Esta es la cara visible de una estrategia basada en tácticas de mercado probadas en la América Anglosajona y en Europa Occidental. Nuestra producción, antes caótica (para bien y para mal) adquiere un rostro racional, pero no siempre adaptado al mosaico de nuestras realidades socio-económicas y culturales; algo que, a la larga, amenaza el crecimiento en contenidos y formas.
Es todo un nuevo estilo de hacer el que deben enfrentar los escritores y animadores a la lectura: desde la selección de originales ‑que prioriza al autor nacional, pero tipifica la oferta según fórmulas genéricas, temáticas y estilísticas importadas o, al contrario, estereotipadamente “nacionales”‑ hasta campañas de promoción que procuran satisfacer las expectativas de ese prescriptor institucional que es la escuela, aunque sin valorar adecuadamente lo diverso y frágil de nuestros sistemas educacionales, y de nuestras redes de librerías y bibliotecas.
Desde el comienzo del tercer milenio, una pléyade de pequeñas empresas sacude el panorama con formas de editar y comercializar diferentes. En Argentina se destacan numerosas mini-editoriales que invierten en el álbum ilustrado nacional e incluso en el libro informativo; en Colombia llaman la atención pequeños sellos que apuestan a un público más reducido, pero exigente y transgeneracional, y en Cuba, la vieja centralización cede el paso a la apertura de editoriales provinciales que dan su oportunidad a nuevos autores, con la consiguiente diversidad de voces.
Por lo menos tres generaciones garantizan la pujanza de la creación en las últimas tres décadas, entrelazando talentos de la fuerza y originalidad de Lygia Bojunga Nunes, Ana Maria Machado, Marina Colasanti, João Carlos Marinho o Luíz António Aguiar (Brasil), de María Elena Walsh, Laura Devetach, Luis María Pescetti, Ema Wolf o Liliana Bodoc  (Argentina), de Dora Alonso, Hilda Perera, Ivette Vian, David Chericián, Luis Cabrera Delgado o Ariel Ribeaux (Cuba), de Jairo Aníbal Niño, Gloria Cecilia Díaz o Yolanda Reyes (Colombia), de Emilio Carballido, Guillermo Rendón Ortiz, Juan Villoro o Mónica Brozón (México), de Alicia Morell o Víctor Carvajal (Chile), de Jorge Díaz Herrera (Perú), Armando José Zerquera (Venezuela), Roy Berocay (Uruguay)...
con Gloria Cecilia Díaz. Congreso internacional del libro infantil de la IBBY.
Cartagena de Indias (Colombia), 2000
Aunque aquí hablamos de bellas letras (novelas, cuentos, poemarios, textos dramatúrgicos…) lo cierto es que resulta imposible abordar la literatura infantil sin tener en cuenta la ilustración, que ya no se limita, como hasta la primera mitad del siglo XX, a adornar páginas dominadas por el texto; su creciente protagonismo le ha permitido engendrar al álbum ilustrado o “libro álbum”, el único género específico (y no adoptado de la literatura para adultos) inherente a nuestra especialidad, donde a veces ni texto hay y, sin embargo, se cuenta una historia.
En estas décadas prodigiosas se han afirmado autores-ilustradores (o ilustradores que son auténticos “autores de imagen”) como Angela Lago, Ziraldo, Ciça Fittipaldi, Nelson Cruz o Roger Mello (Brasil), Ivar da Coll, Alekos o Dipacho (Colombia), Eduardo Muñoz Bachs, Reinaldo Alfonso, Ajubel, Luis Castro Enjamio o Ares (Cuba), Isol, Carlos Nine,  Istvansch, Pablo Berlasconi, Marcelo Elisalde, Gustavo Roldán Devetach, (Argentina) o Vicky Ramos (Costa Rica), Carlos Pellicer (México) y Rosana Faría (Venezuela). 

ilustración de Roger Mello
Como lo demuestra la experiencia de otras regiones del mundo, solo el crecimiento y clarificación de la oferta ‑dando mayor espacio a los auténticos talentos‑ y el aumento y eficacia del consumo de libros ‑al propiciar una mejor relación con lectores más diversos y exigentes‑ garantizan la superación definitiva de defectos tenaces como son la debilidad de las tramas frente a la proliferación de lirismos gratuitos y mensajes explícitos, la escasa variedad temática, estilística y genérica, la insuficiente independencia y osadía de la ilustración, la mejorable relación con la literatura infantil de otras regiones del planeta o con la literatura para adultos propia, y la escasa interacción con otras formas de la cultura -cine, periodismo, informática, ciencia, artes- que explica, en parte, la prevalencia de tipologías tradicionales.

El problema de las benditas fronteras
ilustración de Carlos Pellicer





Una de las grandes tareas pendientes de la literatura infantil iberoamericana es el conocimiento mutuo. Aunque abundan las selecciones y listas de libros recomendados (divulgados por el Banco del Libro o la fundación Cuatrogatos, por ejemplo, a través de ese medio sin fronteras que es la web) y no faltan premios literarios internacionales (como el Norma, el Libresa o el de álbum ilustrado del Fondo de Cultura Económica), lo cierto es que son pocos los libros que confirman con una presencia en todo el continente la aprobación que reciben en sus países de origen.
Raras son las editoriales iberoamericanas con presencia real en otros países, y eso no excluye a las sucursales de transnacionales españolas o de otros países, pues éstas se limitan a dispersar el grueso de su fondo “internacional”, mientras que el catálogo de autores nacionales es tratado casi como un apéndice de los manuales escolares, corazón del mercado interno. Si las ediciones en castellano de cualquier best seller estadounidense, alemán o italiano (a menudo productos de patente mediocridad) se encuentran en cualquier punto de venta, las mismas u otras editoriales excluyen (a veces contra toda lógica y contrariando la demanda del público informado) obras coronadas por la crítica y hasta por el público de un país vecino.
El argumento habitual contra un mercado verdaderamente iberoamericano del libro infantil es que la lengua (el castellano en sus respectivas variantes nacionales) y algunos temas (de fuente cultural, histórica o de la naturaleza endémicas) levantarían barreras insalvables para los niños (aunque tampoco se pueda decir que la literatura para adultos disfrute de ejemplar permeabilidad de fronteras).
En una época en que las migraciones, la globalización y la supresión de fronteras nos confrontan a todos, cotidianamente, con otras culturas y modos de vida; en un tiempo en que todo el mundo sabe que no basta con hablar la propia lengua, y ni siquiera con dominar el inglés de base (el llamado “globish”), sino que hay que poseer aunque sea una tercera lengua extranjera… ¿cómo hacer remilgos ante las diferencias y peculiaridades existentes en el interior de nuestra internacional lengua castellana?
Igualmente, ¿cómo pretender que algunos modos de vida y referencias culturales exóticas van a impedir a chicos, que cotidianamente navegan por Internet, consumen películas, series televisivas y videojuegos de los más diversos orígenes, comprender o disfrutar una historia por lo demás perfectamente asimilable? Sería olvidar que el libro es, precisamente, el producto cultural que –por no ser solo lenguaje- menos impone una representación o interpretación y mejor se adapta a la velocidad intelectual de cada cual, permitiendo, sin verdaderamente interrumpir la experiencia estética y recreativa de la lectura, la reflexión y el diálogo con maestros y otros miembros del entorno capaces de esclarecer una duda (cualquiera puede comprobar que cerrar un libro, dejándole dentro un dedo como marca-páginas, interrumpe menos la lectura que apretar, con el mismo dedo, el botón “pausa” del video?).
 A quien opine que si la literatura infantil iberoamericana no consigue cruzar las fronteras internas del subcontinente, no hay que sorprenderse de que tampoco consiga saltar el Atlántico, puedo recordarle el elevado número de libros españoles que cruzan el mismo océano, en dirección contraria, sin problema.
En realidad no falta interés en Europa por las diferentes culturas y realidades del planeta. Pero se prefiere que un autor del país “traduzca” esas diferencias de contenido, de valores y de forma… incluso si, con frecuencia, dicho “mediador” conoce superficialmente el mundo que adapta y simplifica.
El problema es que, en materia de libros infantiles, la forma, la excelencia literaria, es frecuentemente postergada al tema (el famoso “mensaje”). La simplificación de problemáticas sociales, psicológicas y culturales sigue siendo practicada incluso en productos culturales para edades en que el individuo ya es capaz de interesarse y comprender la complejidad del mundo. Es lo que podríamos llamar «utilidad literaria», un “valor”, por cierto, mucho más sensible a los compromisos locales que al albedrío de lo universal.
Más de una vez he constatado que editores, bibliotecarios y otros profesionales europeos del libro infantil pueden esperar que casi cualquier narración brasileña hable de favelas y destrucción de la Amazonia, que casi cualquier ficción colombiana permita documentarse sobre guerrillas o narcotráfico, que casi cualquier novela cubana para chicos aborde la crisis del castrismo a ritmo de salsa, que casi cualquier relato infanto-juvenil mexicano refleje el machismo y la violencia...


ilustración de Ajubel
Iberoamérica no puede seguir siendo considerada como productora de esa materia prima literaria que son nuestros mitos, nuestra naturaleza, nuestra diversidad étnica y nuestros problemas socio-económicos, todo cortado en trozos y servido en bandejitas de plástico para un mejor consumo de lectores europeos y norteamericanos necesitados de información o exotismo socio-cultural y geográfico. Materia prima “condicionada” en los laboratorios editoriales de las urbes occidentales con la intención, en fin de cuentas, de consolidar por contraste el conocimiento y valoración de su propia realidad.
Los escritores e ilustradores iberoamericanos nos negamos a ser tratados como meros exportadores de “comodities”. Somos creadores de un producto elaborado y de «alto valor añadido»: una literatura infantil diversa y rica, que debería conocer de una vez su propio boom.
Mucho es lo que la literatura infantil iberoamericana tiene para legar al mundo: la sensualidad de su lenguaje, de sus símbolos e imágenes, la frescura que le viene de la proximidad del folklore (todavía vivo y visitable), un formidable caudal imaginativo irrigado por inagotables reservas de personajes, asuntos y ambientes (realistas, históricos o imaginarios), y aquella sorprendente flexibilidad y capacidad de combinación que le aportan su carácter mestizo y la promiscuidad de un contexto donde cohabitan glaciares y desiertos, caseríos sin nombre y urbes pantagruélicas, tecnología de punta y miseria, prehistoria y juventud.
Con la apertura al libro infantil iberoamericano del espacio europeo, norteamericano, del noreste asiático y demás lugares con industria editorial importante, todos tenemos algo que ganar. Los creadores de “nuestra América” porque nos veríamos totalmente liberados del yugo que nos impone nuestro limitado mercado actual, y los lectores, editores y creadores del norte industrializado por todo lo que podemos descubrirles de este Nuevo Mundo que seguimos inventando y que completa ‑junto a esas literaturas de Asia, África y Oceanía que tan poco conocemos‑ la verdadera fisonomía de un planeta supuestamente globalizado.

ilustración de Eduardo Muñoz Bachs


Joel Franz Rosell
París, 30 de junio de 2014

(Versión actualizada de textos recogidos en La literatura infantil: un oficio de centauros y sirenas. Lugar Editorial. Buenos Aires, 2001) que sirvió de base para una intervención en la mesa sobre Literatura Infantil Iberoamericana presentada por la Casa de América de Cataluña en el festival Món Llibre, el 12 de abril 2014, en Barcelona.





[i] Utilizo el término “iberoamericano(a)” en su sentido estricto: países y culturas de América que tienen el castellano o el portugués como lengua oficial y dominante, y no en el sentido geopolítico de comunidad integrada por España, Portugal y sus antiguas colonias del Hemisferio Occidental. Considero esta formulación más apropiada que la usual “latinoamericano(a)” que incluiría también los departamentos franceses que bañan las aguas del Caribe e incluso, si somos rigurosos, el Quebec y otros territorios de lengua francesa en América del Norte.

[ii] Cuando digo « literatura infantil iberoamericana » no pretendo que exista realmente una comunidad de rasgos expresivos, formas genéricas o modos de organización y difusión en el conjunto o al menos en una mayoría de los países que se extienden “del Bravo a la Patagonia”. Sería como pretender que existe una literatura europea o una literatura africana. Vasto debate y ardua cuestión sería definir o describir lo que hay de común –que sin duda lo hay- en la gran diversidad de la literatura infantil de Iberoamérica.

la primera máquina que utilicé: sala Juvenil de la Biblioteca Marti. Santa Clara, Cuba (foto de 1993

Comencé a escribir a mano, claro. Primero con lápiz (usaba los de dibujo, de mina muy dura, para no tener que estar sacando punta continuamente; así comencé a gastarme la vista y a los 15 años ya usaba gafas -"espejuelos" decimos en Cuba- de aumento). Luego pasé a los por entonces escasos bolígrafos. Cuando a mediados de los años 1970 quise comenzar a compartir mis escritos con los colegas de taller de escritura o presentarlos a premios literarios, comencé por acudir a alguna colega o amiga mecanógrafa. Una bibliotecaria de Sala Juvenil de la Biblioteca Provincial de Santa Clara tecleó mi primera novela (que ilustré... a mano, claro) y mandé al Premio UNEAC 1977. Pero mis obras eran largas y ella tenía mucho trabajo. Así comencé a teclear yo mismo en la Underwood de la foto: una máquina prehistórica, pero muy bien cuidada y de tipos redondos.
Fue al año siguiente que un amigo mexicano que partía de vacaciones, me dejó su moderna máquina portátil. En ella aprendí a teclear según las reglas del arte y mecanografié mi segunda novela, por primera vez de la primera a la última letra.
De mis máquinas posteriores no guardé ni el recuerdo de una foto, y tampoco de la máquina electrónica que utilicé durante mi estancia en Brasil '1989-1991) ni de mi primer ordenador, un Compaq portable que me acompañó 8 años. Pero esta ya es otra historia, porque en él comencé a escribir directamente sobre un teclado; abandonando para siempre la versión manuscrita previa y el enojoso mecanografiado ulterior
Lo dicho; esa es otra historia.

LA QUINTAESENCIA DE LA PACOTILLA

(Ideas que andan por ahí revoloteando y se le enredan a uno en el pelo)


Hay victorias pírricas, pero también derrotas pírricas e incluso empates pírricos.

Algunos proyectos que fracasan faltos de medios, y es una pena. Hay proyectos que fracasan faltos de fines, y es una suerte.

Andersen escogió contar la historia de un pequeño cisne
abandonado entre patos. Pero ¿cuál es la otra mitad de la historia? La madre cisne, ¿era una joven alocada que abandonó a su hijo? ¿o murió en el “parto” de aquel huevo? ¿O acaso sacrificó abnegadamente su vida por salvar la de su hijo, como la mamá de Harry Potter? Y si se trata de un error en el hospital materno, ¿qué ocurrió con el Cisnecito Feo...?

“Lo mío es un árbol geniológico”, dijo el Genio

Dios cró al hombre... y murió de parto.

Dios castigó tan duramente al hombre constructor de la torre de Babel, que le quitó las ganas de conquistar el cielo. Desde entonces no hacemos más que buscar el infierno. ¿Por qué ese brutal castigo? ¿Amenazaba el hombre de entonces la paz del cielo o simplemente Dios tuvo miedo a compartir su poder? ¿Quién es entonces el culpable de la maldad del hombre?

No tengo nada contra la desmitificación, salvo cuando el
desmitificador tiene menos talento que el autor del mito… y es,
desgraciadamente, lo que ocurre más a menudo.

Mientras más aislados, solitarios e individualistas más necesitamos de hábitos gregarios: compartir los mismos eventos deportivos, los mismos programas de tv, las mismas ropas… Las marcas son nuestra nueva tribu. Ya no podemos abarcar la comunidad a la que pertenecemos entr el resplandor de la hoguera, ahora la tribu la delimita la comunidad de consumo. Dentro de la enorme diversidad de la web, nos unifican los portales compartidos. La tele le gana al libro porque menos ubicuo, y el best seller sustituye a la obra original por lo mismo.

{ El vecino siempre tiene la barba más larga y menos quijada}

Era tan bello aquel texto, que había que ponerse de pie para leerlo

Todo el mundo puede apreciar el brillo del diamante, pero pocos y sabios son los que se regocijan con los íntimos destellos del carbón.

Yo si no sueño, me aburro de noche. Solo duermo porque sé que voy a soñar mucho. Y cuando acabo un sueño me despierto. Yo duermo para soñar.

El hombre ha buscado –otrora más intensamente- el Paraíso
terrenal. Incluso la búsqueda de vida extraterrestre va, en el fondo, en la misma dirección. Un día los hombres de ciencia nos dirán lo que no hemos querido saber: el Paraíso estaba aquí mismo, en la época en que el Hombre aún carecía de fuerzas para destruir a sus semejantes y a su medio. Ese Paraíso lo hemos convertido en Infierno: un infierno con espacios o momentos de Purgatorio.

Los peces no mueren, naufragan.

(Tengo músculos de payaso)






PRIMER ESCRITOR QUE VISITA LA ESCUELA FRANCESA DE LA HABANA

PRIMER ESCRITOR QUE VISITA LA ESCUELA FRANCESA DE LA HABANA
los pequeños de CP examinan mis libros La canción del castillo de arena y La bruja Pelandruja está malucha

El 17 de febrero pasado visité la Escuela Francesa de La Habana. Es quizás uno de los más pequeños establecimientos educativos franceses en el extranjero, pues solo hay un grupo por cada nivel de enseñanza primaria y los estudiantes secundarios siguen básicamente “cursos a distancia”. No obstante, la escuela francesa de la capital cubana tienen creciente demanda y prevé la próxima construcción de un nuevo edificio y la ampliación de oferta educativa.

Apenas entrar me sentí en un colegio francés: los juegos instados en el patio, los muebles, los mapas y dibujos en las pareces, el aspecto general de la biblioteca... todo era idéntico a las numerosas escuelas que he visitado en Francia. Pero los grandes árboles que sombreaban el patio y el propio sol así mantenido a distancia, el cielo azul, los olores... todo ratificaba que me hallaba bien en Cuba.

La bibliotecaria, los maestros y el director me recibieron con entusiasmo y, para mi sorpresa, me revelaron que yo era el primer escritor que visitaba la escuela. Sé que soy el único escritor infantil cubano que ha publicado varios libros en Francia, pero contaba con que alguno de los numerosos franceses que aman y vistan Cuba fueran escritores para chicos y se hubiesen dado un salto a un colegio donde niños franceses y de otras muchas nacionalidades (varios con un progenitor cubano y el otro extranjero) estudian en la lengua de Molière (o Perrault, Julio Verne, Pierre Gripari... para aludir a autores consagrados por la infancia).

Incluso pude esperar que en país donde la literatura infantil fue casi inaugurada por el gran José Marti (para no hablar de grandes autores contemporáneos como Dora Alonso, Onelio Jorge Cardoso o David Chericián) algún colega, incluso no traducido al francés, hubiese presentado allí alguna obra.

El caso es que me sentí más escritor francés y cubano que nunca. Bajo el criollísimo sombrero de yarey siempre es posible llevar también la famosa boina francesa... aunque lo cierto es que he publicado más libros (siete) en Francia que en Cuba (cinco), y eso que cuando abandoné mi país natal a los 34 años ya tenía muy definida mi carrera literaria. De hecho, ingresé en la cultura francesa mucho antes que en su territorio (1994) y actualmente leo, pienso y sueño habitualmente en francés; aunque sigo escribiendo la mayoría de mis textos en español... y no solo los que hablan de Cuba.

De estas y otras cosas, relacionadas con mi trabajo de escritor e ilustrador, y con mi vida un tanto nómada, hablé el 17 de febrero pasado con unos encantados y sobre todo encantadores niños de la École Française de La Habana. Solo pude dejarlos tras prometerles volver con mis nuevos libros (por ejemplo ese Petit Chat Noir a peur du soir que ya estaba circulando en Francia y que yo solo descubriría a mi regreso, una semana más tarde). También prometí, a los chicos y a sus educadores, consagrarles más tiempo la próxima vez; un taller de escritura, tal vez.

Mientras tanto, ojalá que algún otro escritor cubano publique en Francia o que algún escritor francés sea traducido en Cuba, o cualquier otra variante permita un mayor acercamiento entre ambos países a través de sus respectivas literaturas y lenguas. Al fin y al cabo, Francia y Cuba ya se encontraron en “La Edad de Oro” el gran clásico para niños de José Martí: en esa obra insigne no solo figuran dos cuentos traducidos del francés Edouard de Laboulaye, sino numerosas ilustraciones de otro galo, célebre en el siglo XIX: Adrien Marie... quien inspiró algunas de las bellas páginas escritas por el cubano para su revista (pero esto es tema para otro momento).