LIBROS CON PAGINA PROPIA

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Ilustración de Francisco Meléndez para "Los cuentos del mago y el mago del cuento"

mi otro blog en castellano

cuentosdelmagodelcuento.blogspot.com


es mi segunda página web en castellano. Los cuentos del mago y el mago del cuento es el primer libro que publiqué en España (en 1995) y marca una etapa completamente nueva de mi trabajo literario que comenzó en 1987 con la redacción del cuento "El paraguas amarillo", incluido desde la versión brasileña de 1991 de este libro... que sirvió de caldo de cultivo a algunos de mis mejores libros e incluye un pequeño ensayito sobre mi concepto de literatura infantil. Quedan ustedes cordialmente invitados...

pour mes amis français, j'ai créé une autre page
http://auteurjeunessedecuba.blogspot.com/

29/6/15

La nube, 14 años después




A 14 años de la publicación del que fuera mi primer libro para "pre-lectores", reproduzco una reciente nota de la bloguera argentina Dayana Barrionuevo... y añado un par de comentarios.

Título: LA NUBE
Autor: ROSELL, JOEL FRANZ
Ilustrador: DELEAU, JUAN
Precio:  $  42,00
Editorial: SUDAMERICANA
Páginas: 28
Medidas: 19.5 X 18.7 mm
ISBN: 9500719886
Edad sugerida: A PARTIR DE 4 AÑOS
Colección: CUENTOS DE 4 COLORES
Primera edición: 2001


 Este libro dedicado a los más chiquitos de la casa cuenta la historia del viaje que hace una nube desde el mar hasta el campo, cómo va cambiando su morfología a medida que pasa el tiempo y cuáles son las reacciones de las personas al ver la nube.
Aunque el texto y la ilustración utilizan como recurso retórico la personificación (algo muy común en los textos para chicos) otorgándole sentimientos a la nube que ver que la gente de la ciudad huye a su paso o “llorando” de alegría al ver que en el campo seco la reciben con los brazos abiertos; lo que en realidad relata el subtexto es ni más ni menos que el ciclo del agua y su importancia.
Que una historia atractiva pueda introducir aunque sea de manera inconsciente un concepto vital de las ciencias naturales y del funcionamiento de nuestro planeta, me parece excelente y desde ya lo convierte en un motivo más que suficiente para recomendar el libro. Sin embargo, debo marcar un pequeño error que se ha deslizado en la secuencia del relato.
La nube viaja desde el mar y en su trayecto cruza una montaña. Apenas la atraviesa llega a una zona seca donde hace llover. Esto es un cuento para chicos y en la ficción del papel todo es posible, pero en la realidad físicamente las masas de humedad no pueden cruzar una montaña y precipitar del otro lado. O lo hacen antes o lo hacen en la misma montaña donde será en forma de vapor, lluvia o nieve según la altitud, la época del año, etc.
Otra observación que haría es sobre la frase “Llovió tanto que la llanura se puso verde, se llenó el río y engordaron las vacas”.
La enumeración tiene un orden inexacto: cuando llega una lluvia torrencial primero crecen los ríos, con el paso de los días las plantas secas reverdecen y crecen nuevos ejemplares y de ahí el ganado flaco puede tener alimento para engordar.
No porque se trate de un libro de ficción para chicos de cuatro años hay que descuidar estos paqueños-grandes detalles.
Creo que mostrarle al chico que el ciclo del agua es un motor de la vida también implica hacerle saber que no es un proceso sencillo ni rápido en sí mismo ni en los procesos que genera en los ecosistemas.
Más allá de estas observaciones, creo que también vale la pena destacar los recursos didácticos y de diseño que se han utilizado en el libro:

  • Reemplazo de palabras con dibujos como una manera de implicar al chico en el relato y que vaya “leyendo” la historia desde sus posibilidades.
  • Texto grande en letra de imprenta para que sea más fácil de leer para los que están aprendiendo.
  • Al final del libro hay un diccionario de dibujos para los padres sin imaginación que no pudieron adivinar a qué palabra correspondía cada ilustración :D
  • Ilustraciones muy coloridas con una técnica singular (algo así como arte digital).
  • Tapas duras a prueba de chicos.



La lectura ecológica que hace la autora  de esta nota es acertada, pero en mi opinión toma demasiado al pie de la letra las “informaciones” científicas que se pueden deducir de la trama y que tuve en cuenta al concebir la historia. 
Un cuento para niños que aún no saben leer, da pie a una conversación con el adulto que se lo acerca al pequeño, y puede permitir la ampliación y explicación de detalles científicos. A cuatro años no creo que el niño entienda eso de que una nube no puede llover al otro lado de una montaña, lo que es inexacto sin definir qué entendemos por montaña y de qué clase de lluvia se trata y en qué región del mundo ocurre el fenómeno. 
Mi cuento no es un texto informativo para pequeños y creo que es admisible la licencia temporal y el enfoque afectivo que permiten acortar los plazos entre causa y efecto. Por otra parte, en ciertas regiones del mundo (en ciertas zonas del “cerrado” brasileño, por ejempl) basta una lluvia para que las plantas reacciones con una explosión de colores y vitalidad, y solo muchas lluvias después el río consigue llenarse.


Por otra parte, el Pequeño diccionario de imágenes no se dirige a "padres sin imaginación" como dice irónicamente la autora de la reseña;sino tanto al intermediario adulto como al niño que ya empieza a leer y que podrá ejercer su nueva competencia en estas tres páginas de iconos con su equivalente en palabras escritas. Una observación atenta del vocabulario permitirá advertir que en algunos casos se proponen más de un vocablo. Es que en los países de habla hispánica y a veces en diversas regiones del mismo país, solemos usar palabras diferentes para la misma cosa. 
Random House distribuye sus libros no solo en el país editor (en este caso Argentina) sino en otros del entorno linguístico, y este pequeño añadido multicultural no carece de utilidad.

Para terminar, me parece oportuno precisar que si bien yo pensé en el ciclo del agua cuando escribí este cuento, la idea inicial fue la de que cuando llueve, las nubes lloran... pero no necesariamente de tristeza sino de emoción. Yo vivía entonces en Dinamarca, un país bastante húmedo y probablemente luchaba contra la depresión que un cielo demasiado frecuentemente gris podía causar en mi espíritu tropical. También, al escribir el cuento, concebí a mi protagonista, una nube que crece y aprende de la vida (su vida de nube) como una metáfora del niño pequeño, que también avanza por la vida, descubriendo cosas y procurando (como los adultos en fin de cuentas) saber cuánto nos aman y dónde podemos ser más útiles y, por tanto, más felices.

15/6/15

Luto por un libro




















Hoy me visto de luto por un libro 
(un libro mío, perdonen mi egoísmo de padre herido en su carne). 

Mi álbum “Pájaros en la cabeza” acaba de ser descatalogado por Kalandraka tras casi 11 años de fieles y aparentemente insuficientes servicios. En realidad, la noticia no debía sorprenderme, pues hace mucho tiempo que el libro estaba agotado sin que la editorial decidiera reeditarlo… pero tampoco sacarlo de catálogo. ¿Qué pasa entonces? ¿Por qué después de descatalogarme “Don Agapito el apenado” al cabo de seis años y “El paraguas amarillo” al cabo de apenas dos, ahora me “truenan” a “Pájaros en la cabeza”? ¿Es que mi escritura no responde a los gustos actuales? ¿Estoy pasado de moda? ¿No doy bola con el destinatario?

Tengo cierta tendencia a la autoflagelación, a hurgar en mi conducta las causas de cuanto me sucede. No es malo como método de crecimiento personal y profesional; pero tampoco hay que olvidar los factores externos, y como cada uno de mis títulos descatalogados, o casi, coincide con la salida de uno nuevo a las librerías (bajo el mismo u otro sello, en ese u otro país, en la misma u otra lengua) no puedo contentarme con la explicación de mi “pecado original”.
primera edición en gallego (2004)

Me gustaría poder condenar la tiranía del departamento de marketing de los grandes grupos editoriales por imponer una vertiginosa rotación de novedades (muchas de ellas puro fulminante, cuya función es estallar como fuegos artificiales durante las fiestas navideñas y Día de Reyes). Pero Kalandraka no es una de esas empresas sin alma; al contrario, mima sus libros, sus autores y sus lectores… y precisamente acaba de publicar el tercer volumen de mi serie Gatito.


¿Es culpa de la famosa y maldita crisis? Sin dudas influye, pues todos los escritores estamos sometidos a este proceso, a menudo irracional, de destrucción de obras que merecían una vida mejor; pero la cada vez más rápida saturación del mercado ya ocurría antes de 2008 y se daba y se da en países menos económicamente deprimidos. La tal saturación del mercado es algo que siempre me ha parecido improbable en el campo del libro infantil, puesto que el niño que hoy tiene alrededor ocho años –la edad óptima para leer “Pájaros en la cabeza”- ni siquiera había nacido cuando salió la última edición (en formato y papel idóneos para disfrutar las bellas ilustraciones de Marta Torrão). Si prácticamente cada tres años se renueva el lectorado, ¿basta entonces con los niños que heredan títulos de sus hermanos mayores para justificar las escasas ventas de álbumes ilustrados? La coyuntura (que dura y es dura) no me parece bastante para explicar lo que yo veo como una limitación estructural del concepto editorial y comercial de las editoriales españolas especializadas en álbumes ilustrados (o del mercado editorial general y el espacio que ocupan esas editoriales especializadas). Si el 16% de los 46 millones de españoles son menores de 16 años (sin contar las exportaciones al vasto mundo hispánico), la tirada media del libro infantil (3200 ejemplares) justifica la desaparición de tantos libros de calidad, limitados a una o acaso dos ediciones, en 10 años o menos? 


segunda edición en castellano (2006)

Yo soy muy malo en matemáticas y por tanto peor en estadísticas, pero las cuentas no me salen… o no me entran en la cabeza (para qué hablar del corazón). Y ya sé que el actual gobierno español ha “dejado en cueros” a las escuelas y bibliotecas públicas, los primeros clientes del libro de bolsillo, mientras que las familias, empobrecidas o atemorizadas por la crisis financiera y la precariedad del empleo, han reducido sus gastos no esenciales. Y en España, la cultura literaria no tiene nada de esencial, y el álbum no es para nada un artículo de primera ni segunda necesidad (para algunos es un artículo “de tercera”, o “de cuarta”). Con “tantos euros por tan poca letra” como dice el buen ciudadano medio, que no acaba de entender que también las imágenes se leen, aunque no discuta el precio de los vaqueros de su retoño, aunque éste tampoco resista a la regla de tantos centímetros cuadrados de tela por céntimo. Es un error tan extendido como creer que los libros ilustrados son solo para pequeños o que no hay que leerles cuentos a los niños que ya “saben leer” (normalmente al terminar segundo grado), olvidando que la adquisición de la técnica no equivale al domino del arte, y que mientras el niño no sabe realmente leer de corrido y mentalmente (transformando eficazmente no solo las palabras, sino las frases e incluso los párrafos, en sentidos) sigue necesitando alternar la práctica de la lectura individual y silenciosa con la lectura facilitada por alguien más ducho. Esto, que muchas familias ignoran, lo saben los maestros. Pero no pocos de ellos suelen caer en el extremo contrario, abusando de la lectura en voz alta, en clase, sin permitir lo bastante la elección por cada chico del libro que le gusta y su apropiación, a ritmo personal y con los ojos, no con el oído; única forma verdadera de adquirir esa especie de mágico don que es el amor de la lectura. Todo esto influye en las dificultades que tienen colecciones exigentes, para chicos de más de siete años, como Sieteleguas, de Kalandraka.

Yo soy muy malo en matemáticas y por tanto peor en estadísticas, pero las cuentas no me salen… o no me entran en la cabeza (para qué hablar del corazón). Y ya sé que el actual gobierno español ha “dejado en cueros” a las escuelas y bibliotecas públicas, los primeros clientes del libro de bolsillo, mientras que las familias, empobrecidas o atemorizadas por la crisis financiera y la precariedad del empleo, han reducido sus gastos no esenciales (en España, la cultura literaria no tiene nada de esencial, y el álbum (con “tantos euros por tan poca letra” como dice el buen ciudadano medio, que no acaba de entender que también las imágenes se leen, aunque no discuta el precio de los vaqueros de su retoño, aunque éste tampoco resista a la regla de tantos centímetros cuadrados de tela por céntimo) no es para nada un artículo de primera ni segunda necesidad (para algunos es un artículo “de tercera”, o “de cuarta”). 


Yo creí a “Pájaros en la cabeza” protegido por su inclusión entre los “White Ravens”, los mejores libros publicados en el mundo según el muy respetable criterio de la Biblioteca Internacional de la Juventud, con sede en Munich, Alemania, en cuyo catálogo se puede leer:

Escrita como un cuento de hadas, esta historia es algo más que una práctica parábola sobre el arte de gobernar sagazmente. Aunque es tan viejo “que no distingue un dragón a tres pasos”, el rey gobierna con clarividencia, sentido común y respeto por la naturaleza y por los intereses del país en su conjunto. No ocurre lo mismo con los ministros de Defensa, Economía y “Todo lo Demás”. Movidos por la ambición, no piensan sino en conseguir sus fines respectivos, tales como una guerra, elevación de impuestos y un faraónico proyecto de construcción. Como en un auténtico cuento de hadas –y no como en nuestra realidad–  el cuento termina felizmente. El ingenioso texto del cubano Joel Franz Rosell está repleto de imágenes poéticas y satíricas consideraciones a propósito del ejercicio del poder. Las expresivas ilustraciones en colores abstractos invitan a los lectores a reflexionar y mirar más de cerca.

No se trataba, como ven, solo de mi texto, sino de las ilustraciones de Marta Torrão, tan logradas que contribuyeron decisivamente a que se le concediera el Premio Nacional de Ilustración de Portugal.




También confié en los elogios de críticos como Angel Arias, quien en Nuevas Hojas de Lectura (Colombia) afirmó: “esta obra nos conduce de una forma mágica a reflexionar sobre la convivencia del Estado moderno con su más importante patrimonio: los hombres y las mujeres, y en su interacción con el medio ambiente, una problemática muy actual, pertinente a todas las naciones del mundo, ahí radica lo grandioso de esta obra (…) pensada para deconstruir lecturas: su historia, su ilustración y su diseño llevan al lector a confrontarse con el texto y a crear nuevas historias.

edición en coreano (2007)

edición en portugés (2006)

¿Y qué decir de muestras de aprobación y confianza en lugares tan distantes Argentina (tirada especial de unos 20 000 ejemplares para los alumnos de las escuelas públicas de Buenos Aires), Corea (fue no solo mi primer libro publicado en una lengua asiática, sino también el primero en gallego y el primero que me fuera publicado en Portugal) o Cuba, que le concedió el premio La Rosa Blanca, que distingue los mejores títulos de autor cubano publicados cada año?

Casi nada, ¿ven?

Que los libros tienen muchos retos en este mundo ultramoderno nuestro, que les impone algo tan atroz como una fecha de caducidad.

http://cuentosdelmagodelcuento.blogspot.fr/p/pajaros-en-la-cabeza-uno-de-los-mejores_11.html




Así comienza "PAJAROS EN LA CABEZA"




El rey ya era muy viejo. Se le notaba mucho en la barba blanca y en los ojos, tan cansados que no veía un dragón a tres pasos. Pero era un rey bueno, el mejor que había tenido aquel reino en toda su historia.
El reino era pequeño y no demasiado rico, así que sólo había tres ministros: el Ministro de Defensa, que era coronel; el Ministro de Economía, que era muy inteligente; y el Ministro de Todo lo Demás, que era muy emprendedor.
El rey daba audiencia a sus ministros todas las tardes. Se sentaba en su trono de maderas preciosas, con asiento de terciopelo y clavos de oro, y los ministros le presentaban, en bandeja de plata, leyes, pedidos y propuestas.
El rey escuchaba atentamente a sus ministros, pero no contestaba nada. Y no porque estuviera sordo ni porque tuviera problemas de voz, sino porque le gustaba tomarse su tiempo. Siempre acababa diciendo:
–Bien. Mañana decidiremos...
Y mandaba que lo dejaran solo.

Detrás del trono había una cortina; tras la cortina, una puerta y detrás de la puerta, una terraza. En la terraza había otro trono, más pequeño que el del salón y no de madera, terciopelo y oro, sino de cañas y paja. En la terraza siempre daba el sol y el rey prefería tener un asiento fresco.
Aquel trono de cañas y paja, tan parecido a un nido, también gustaba mucho a los pájaros. Y cada tarde, cuando el rey se sentaba allí después de recibir a sus ministros, los pájaros venían a hacerle compañía y le cantaban canciones, comían alpiste en su mano o jugueteaban con su  barba.
Cuando el rey se iba a dormir, tenía la cabeza llena de trinos y aleteos. Y al día siguiente, cuando los ministros venían a buscar respuesta a sus problemas, el rey les daba soluciones llenas de sentido, bondad y justicia.

El sueño de los ministros era menos apacible que el del rey...

Cada uno de mis libros tiene una o más mascotas. Las de "Pájaros en la cabeza", quizás mi mejor cuento, recientemente salido de catálogo, disponía de un títere de dedo que compré en Francia y de un colibrí en maderas preciosas de Cuba. Ambos os saludan antes de tomarse un retiro que espero dure poco...







(telón)

6/6/15

Multicultural escritor que soy

 
La versión original de esta entrevista fue publicada en 2011 por la revista vasca de literatura infantil Behinola


1. ¿Cómo entiendes la interculturalidad? ¿Qué influencia tiene en la literatura?

No hay culturas puras. Toda cultura es precisamente el resultado de un intercambio de experiencias, símbolos y valores; de una selección (“cojo esto y esto otro lo rechazo”), de asimilación (fui yo quien inventé tal cosa y no mi vecino) y sedimentación (esto me lo he apropiado sin siquiera darme cuenta). En completa autarcía vivieron, si acaso, comunidades extremadamente aisladas como los inuits, en medio de helados desiertos, o algunas tribus amerindias e indonesias, en intrincadas selvas.
Con todo, la interculturalidad es más que la “simple” yuxtaposición de dos o más culturas; es cohabitación consciente en proceso de mutuo reconocimiento y fecundación.
Que los actores de esas culturas sean capaces de reconocer los valores de otra(s), y tomen elementos de ella(s) sin perder los rasgos esenciales de la propia es la base de la interculturalidad. No es un proceso fácil y solo se completa en condiciones de cierta equidad económica, social y política. Al mismo tiempo, solo un pueblo consciente y sanamente orgulloso de su cultura puede abrirse a otras, que ya no verá percibida como amenaza o desafío.
La literatura, por supuesto, participa del proceso intercultural aunque no tan visible y rápidamente como la música popular o la gastronomía, por ejemplo. La literatura es lengua, y la lengua es, primero que todo, instrumento de comunicación y luego soporte de la mayoría de las instituciones sociales (para solo después ser expresión estética); de modo que los mecanismos de conservación lingüística son más tenaces de lo que suele pensarse. Por su capacidad de presentar no solo las experiencias y principios, sino los sentimientos del Otro, los efectos de toda expresión lingüística resultan los más penetrantes y convincentes.



en la sala juvenil de la Biblioteca Martí de Santa Clara, febrero 2015

2. El vivir fuera de tu país de nacimiento, ¿cómo ha influido en tu creación literaria? Todavía mana la fuente de tu lugar de origen, es decir, todavía al crear partes de esa tradición.

Yo diría que, precisamente, es el hecho de haber abandonado mi país natal lo que me condujo profundizar en sus esencias.
Ocurre a muchos intelectuales emigrados, pero el hecho de no haberme fijado inmediata y definitivamente en un segundo país, acentuó los efectos del distanciamiento crítico.
En Brasil estuve 2 años, 3 en Dinamarca, casi 6 en Francia, más de 4 en Argentina y, de nuevo en Francia, ya llevo unos 4 años… Sacudido y empapado por tan variadas y fuertes corrientes culturales, fijé el eje de mi identidad en la lengua castellana y en la “obsesión por Cuba” que me ha llevado a ahondar en el pasado y el presente de mi país más de lo que hubiera hecho de haber vivido en él todos estos años.
Sin embargo, yo no escribo en “cubano” ni utilizo formas estilísticas y genéricas inherentes a la literatura cubana. Mis referencias culturales se han diversificado enormemente, y buena parte de mis inquietudes políticas, sociales y económicas son bien diferentes de las que agitan a mis coterráneos inmóviles.
En realidad, desde mi primera novela, escrita apenas cumplir 13 años (y que conservo), se hace evidente mi incapacidad o desinterés por la reproducción fiel de la realidad. Dieciséis años después, publiqué mi primer libro (en La Habana, seis años antes de emigrar). Se trata de una novela detectivesca infantil que pretendía reflejar la Cuba de la época. La falta de verismo que algún crítico me reprochó fue en parte deliberada y en parte resultado de mi impericia. Mi segundo libro, terminado un año después, pero publicado solo cuatro años más tarde, es un conjunto de fábulas sobre un mundo previo a la aparición del Hombre, donde lo cubano reposaba en pocos de los animales y plantas protagonistas, pero que reflejaba plenamente la concepción del mundo que regía nuestra sociedad por entonces.
Tampoco mi tercer libro, escrito entre Cuba y Brasil, me acercó explícitamente a la realidad cubana, pero incluye una alegoría a la reciente historia de Cuba que, paradójicamente, utilicé como primer cuento en la edición brasileña de 1991, y como último en la versión española, publicada cuatro años más tarde.

ediciones francesa, argentina y española de "Mi tesoro te espera en Cuba" (nótense las diferencias de interpretación gráfica de las tapas)
Llevaba yo poco más de un año lejos de Cuba, cuando ‑para exorcizar la improbabilidad del regreso‑ escribí por primera vez una novela de intención verdaderamente realista. Necesité 10 años de reescrituras sucesivas hasta sintetizar la Cuba posterior a la caída del muro de Berlín en Mi tesoro te espera en Cuba. Esa novela narra el descubrimiento de la realidad cubana por una niña española que rastrea el pasado de un tío-bisabuelo. Paloma, la protagonista, y sus amigos cubanos, deberán superar no pocas incomprensiones y suspicacias antes de alcanzar el respeto mutuo y el afecto que hacen posible la cohabitación entre personas con intereses y concepciones del mundo diferentes y a veces, en apariencia al menos, recíprocamente excluyentes.
Sin habérmelo propuesto, en ese libro invertí la situación intercultural más frecuente en la narrativa juvenil española reciente, que presenta la experiencia de emigrantes venidos a España o reconstruye, en la pluma de escritores españoles con escasa experiencia internacional, conflictos humanos de África, Medio Oriente, Europa del Este…

Entre la edición francesa (2000) y la primera versión en castellano (2002) de Mi tesoro te espera en Cuba, publiqué en Edebé La tremenda bruja de La Habana Vieja. Esta novela recrea la Habana decadente de los últimos años a través de la caricatura y la fantasía. El tema, la relación entre una malvada bruja y su adorable sobrina-tataranieta, es una metáfora de la interculturalidad: la niña es una estudiante modelo; una más entre esos “pioneritos” de rojo uniforme que son todo un emblema de la Cuba “del hombre nuevo”. Por su parte, la bruja es una “lacra del pasado” que odia a los Comités de Defensa de la Revolución y que tiene en un rincón los atributos de la “brujería palera”, una de las tres religiones afrocubanas… aunque por lo demás presente todos los estereotipos de la bruja occidental, incluidas la escoba voladora y la bola de cristal.

en plena selva amazónica (Maripasoula, Guayana Francesa) con los lectores de "La leyenda de Taita Osongo"
Pero donde más evidentemente mi pluma moja en manantial cubano es en La leyenda de taita Osongo (estrenado en la versión francesa de 2004 y editado en castellano en 2006). Para novelar páginas de la trata negrera y la esclavización de africanos en América me basé en la Historia de Cuba, en tradiciones afrocubanas y hasta en un dramático secreto de familia. Los personajes principales: el negrero y su esclavo rebelde taita Osongo, representan el choque entre blancos y negros, entre explotación racional de mano de obra esclava y pensamiento mágico como arma de resistencia; elementos que intervienen en la construcción de la nacionalidad cubana.
El esclavo es un emigrante forzado al que se priva de toda su identidad: desde el nombre y sus creencias profundas, a la lengua, costumbres, estructura social, paisaje y referencias materiales. En tales condiciones, este deportado económico aprende a desarrollar formas muy sutiles de preservación de su cultura. Esta corta novela (que necesitó 18 años de maceración) me permitió incorporar, por primera vez en mi obra, lo afrocubano; pero es una obra intercultural y también incluye referencias a la mayor tradición literaria cubana (Nicolás Guillén, Lino Novás Calvo, Onelio Jorge Cardoso) sino incluso elementos estructurales del cuento tradicional ruso, tan difundido en la Cuba pro soviética mi infancia.

ediciones mexicana, cubana, argentina, brasileña y francesa de "La leyenda de Taita Osongo"

3. Entre los autores que trabajan la interculturalidad, ¿quienes te gustan? ¿Citarías alguna obra en concreto?

No tengo un repertorio de autores interculturales. He vivido en varios países, bajo el imperio de cuatro idiomas, y leo en cinco lenguas. En París, vivo en un barrio visiblemente multicultural. Escribo para publicar ‑incluso cuando se trata del castellano- en países diversos y lo he de tener en cuenta.
Todas las culturas y las épocas me interesan, pero no son los libros interculturales sino los “de origen” los que me interesan más. Leo o he leído autores franceses, brasileños, daneses, argentinos, árabes, africanos, asiáticos… Yo soy multicultural por mis raíces y por mi experiencia vital de cubano trashumante y universalista.
Cuando pienso en libros interculturales que me gustan me vienen a la mente dos tebeos:
Persépolis, de la irania Marjane Satrapi y El gato del rabino, del francés Joann Sfar. Su interculturalidad me parece más nutritiva precisamente por darse en el marco de un género híbrido -de literatura, dibujo y cine- y porque no solo en su mensaje y plano referencial, sino en sus formas, se superponen varias culturas (francesa, mediterránea, judía, musulmana, persa).

4. En la LIJ hay algunos temas que se trabajan según la moda, por poner un ejemplo, anorexia y de repente puedes encontrar 40 libros que trabajan ese tema en las librerías. En tu opinión, la interculturalidad es algo de moda o algo más.

La interculturalidad, como cualquier otro “tema” puede ser tratada como una moda y resuelta con la consiguiente superficialidad. Pero como es un componente fundamental de la sociedad contemporánea, la interculturalidad es algo que ha llegado para quedarse… hasta que se produzca la transculturación: es decir el mestizaje que dará por resultado una cultura nueva: heterogénea, más rica, positivamente contradictoria y universal.
Los libros que abordan la interculturalidad porque está de moda pasarán rápidamente al olvido, como pasan todos los libros hechos de prisa, por apuntarse a lo que “se lleva” o por participar en un debate ideológico circunstancial. Los libros verdaderamente interculturales, los que llevan la interculturalidad en su esencia misma, en su “carne y hueso”, sí se sumarán al patrimonio literario, lo enriquecerán y modificarán.

Mi libro más traducido (exise en ocho lenguas y pronto se publicará en chino) es el menos multicultural de todos. No es tan paradójico como parece

5. Según los expertos, en el ámbito de la interculturalidad se necesita tener un espíritu abierto para superar lo que se conoce como “espíritu del muro”. ¿La literatura puede influir en ello? En los esfuerzos que se hace no se percibe claramente un poso de lo “políticamente correcto”?

Para mi la interculturalidad está en el encuentro entre modos distintos de vivir, imaginar y representar el mundo, y no en el argumento de una novela ‑perfectamente occidental- que cuenta a lectores occidentales la aventura de un emigrante del Sur o del Este (cercano o lejano).
Puede ser que un chico que descubre en una novela cómo llegaron a España los hombres de piel negra que venden discos compactos en las aceras, llegue a sentir conmiseración y tolerancia. Pero para que comprenda, respete y estime realmente a esas personas, nuestro chico tiene que saber no solo los riesgos que han corrido para venir a Europa y en qué difíciles condiciones se instalan entre nosotros; también tiene que saber qué cultura hay detrás de esos emigrantes, qué riqueza espiritual enjoya su pobreza material, qué los hace reír y llorar, qué sueñan y a quien le rezan, qué músicas cantan y bailan, qué comen y beben, o no…
Para acceder a todo ese universo que se oculta tras “la diferencia”, es imprescindible que nuestros chicos escuchen la voz de los más elocuentes representantes de esos pueblos cuyos jirones desesperados llegan a nuestras ciudades o a los “mares de plástico” del soleado sur ibérico.
En lugar de estar tan preocupados por dar a conocer la aventura (y sobre todo la desventura) de los emigrantes, los editores deberían dar a conocer toda la diversidad y riqueza de culturas del mundo a través de libros documentales, de cuentos tradicionales y, sobre todo, de literatura contemporánea ‑juvenil, pero también infantil- de los países que nos enriquecen con parte de su población activa.
Tengo la impresión de que los autores magrebinos están de moda en España: en literatura para adultos y en literatura juvenil, más que en literatura infantil. Sin embargo, la muy importante emigración hispanoamericana ¿está equitativamente representada en la edición infanto-juvenil? ¿Cuántos escritores ecuatorianos, dominicanos o peruanos han sido publicados en España en los últimos años? Si acaso, se trata de autores radicados en España hace tiempo y que no siempre escriben desde y sobre la interculturalidad (lo que no les reprocho: un autor debe ser libre en la elección de sus temas y formas).

¿Quién sabe siquiera que hay literatura infantil en Ecuador, República Dominicana o Perú?

En España no solo se publica poquísima literatura iberoamericana, sino que tampoco se importan títulos editados en Hispanoamérica. Me consta que empresas transnacionales como Alfaguara o SM tienen por política no traer a España la producción de sus respectivas sucursales latinoamericanas. Más grave aún: no pocos libros de autor latinoamericano otrora publicados en España han sido trasladados a los catálogos ultramarinos de la editorial en cuestión; sin que nada justifique que un escritor colombiano pueda resultar más interesante o comprensible para un joven mexicano que para un chico español. El principal argumento es que los castellanos de Ultramar no resultarían comprensibles para los chicos españoles, o que las referencias culturales que contienen tales libros no serían “reconocidas” o comprendidas por los jóvenes lectores ibéricos.
Pero entonces, ¿qué pasó con el interés por la interculturalidad? Si empezamos por considerar incomprensibles y ajenos algunos vocablos, modos de vida, elementos de cultura material y algunas fechas y nombres históricos, probablemente suficientemente integrados a la trama, ¿cómo aspirar a educar a nuestros retoños en la tolerancia y la sensibilidad hacia la diferencia?

6. ¿En qué medida se debe utilizar la literatura para abrir ideas? Algunas veces esta subordinación nos puede llevar al panfleto.

Personalmente, me interesa menos contarles la vida de los emigrantes a los chicos con que me codeo -en Francia o en España- que explicarles que esas personas de piel negra o amarilla, de culto musulmán o budista, de acentos o costumbres desconocidos… en el fondo son iguales a ellos, a nosotros.
Sospecho que si, por primera vez, decidí hacer las ilustraciones de uno de mis álbumes ilustrados es porque quería introducir un mensaje subliminar de interculturalidad. La trama de La canción del castillo de arena es “universal”: un niño y su padre construyen castillos de arena que el mar deshace cada noche, poniendo a prueba la tenacidad y la imaginación del chico. El mensaje más perceptible es filosófico y ecológico; pero mis personajes son “exóticos”: el padre es negro y el chico mestizo, lo que supone una madre ‑no evocada por el texto ni presente en las ilustraciones‑ de piel tan blanca como la de la Princesa Caracola que habita los castillos del niño protagonista. Lo que insinúo es que la “gente de color” no protagoniza solo las temáticas que le son habitualmente asociadas en la edición occidental: emigración, discriminación racial, pobreza, compenetración con la naturaleza, familia extensa o tradiciones orales específicas. Mi cuento sugiere que los niños “étnicos” viven experiencias comunes a cualquier niño: tienen celos, miedo a la oscuridad, “mojan” la cama, descubren las normas sociales y las reglas básicas de higiene, quieren una mascota… Y si mis jovencísimos lectores no son conscientes de este mensaje, tanto mejor, porque la banalización es la mejor forma de asimilación.
En mi opinión, la única forma legítima de trasmitir ideas en literatura es despojando aquéllas de toda obviedad. En cuanto se intenta instrumentalizar un texto literario éste deja de serlo y se convierte en otra cosa, infinitamente más simple y menos eficaz y duradero.
La rosa es sin porqué”, nos recuerda Borges que dijo Angelus Silesius, y nada explica mejor lo que es una rosa que una rosa.

"La canción del castillo de arena" en sus versiones castellana, vasca y francesa (originalmente, este cuento formó parte del libro que estrené como "Era uma vez um jovem mago" (Sao Paulo, 1991) antes de su versión ampliada y corregida "Los cuentos del mago y el mago del cuento (Madrid, 1995)

7. En Europa son muchos los escritores de diferentes procedencias que escriben en lenguas europeas -Rafick Schami, Tahar Ben-Jelloun...-; en el País Vasco o en Cataluña toda vía no existen, excepto algún contador de cuentos. ¿Lo ves como un síntoma de algo? ¿Crees que los hijos de los emigrantes traerán un aire nuevo? ¿Queremos recibir ese aire nuevo?

En un sucinto estudio sobre la literatura beur (descendientes de emigrantes arábigo-magrebinos en Francia), Alec Hargreaves subraya: “la primera generación de emigrantes se preocupaba sobre todo por los problemas de la vida activa. En las obras de sus hijos tienden a sobresalir los problemas de escolarización y de vida familiar. La crisis de identidad experimentada hoy por numerosos adolescentes franceses se acompaña, en el caso de los beurs, de una crisis cultural. Atraídos simultáneamente por su cultura de origen y por la cultura francesa, los jóvenes descendientes de inmigrantes tienen experiencias a veces tan dolorosas como interesantes en tanto que materia narrativa”[1].
Este sector de la población francesa comienza a expresarse literariamente a principios de los años 1980 y hoy constituye una parcela importante e indisociable de la literatura francesa, incluida la infanto-juvenil. En sus inicios se trató mayoritariamente de relatos de aprendizaje o autoaprendizaje (bildungsroman); y aunque pronto comenzaron a independizarse de lo autobiográfico, el vínculo con la verdad da a esos textos un valor que no encuentro en tanta novela que narra -por sumarse a la moda o por responder a un deber social- las problemáticas interculturales.
En la medida en que los emigrantes se integren a la realidad del País Vasco, de Cataluña o de cualquier otra comunidad autónoma, en la medida en que hayan superado las urgencias de la supervivencia, se revelarán como escritores perfectamente biculturales. Y como los numerosísimos autores e ilustradores franceses que también son magrebinos, libaneses, turcos, subsaharianos, vietnamitas o chinos, también los habrá españoles con orígenes al otro lado del Mediterráneo. Será una segunda o tercera generación que se habrá integrado a la realidad española sin renunciar a la identidad de sus padres, tíos o abuelos inmigrantes, y que producirán una literatura primero intercultural y, a continuación, multicultural.
En Francia existen hoy incluso formas reconociblemente mestizas, tanto por las particularidades del lenguaje como por sus formas genéricas ‑la poesía rítmica conocida como slam, es el más visible ejemplo-  que evidencia no solo experiencias sino formas expresivas peculiares.
Por otra parte, incluso sin poseer raíces en otros países, los escritores españoles pueden enriquecerse con elementos externos, de la misma manera que la música popular española emplea materiales procedentes del rock, el reggae, el bolero o la salsa.

8. Según dicen, en la Rioja alavesa los gitanos españoles que van a recoger la uva quieren someter a los gitanos portugueses. ¿Es acaso destino del hombre el querer dominar al otro?

Nadie está a salvo de cometer injusticias. Verse sometido al racismo, la marginación o cualquier forma de privación de derechos es la peor manera de aprender la tolerancia, la fraternidad y la democracia. Si la letra no entra con sangre, la justicia menos todavía. Tampoco basta con proporcionar lecturas ejemplares para inducir comportamientos ejemplares. Solo la permanente vigilancia, la autocrítica y el acceso pleno a la cultura ‑propia y ajena- pueden educarnos en el respeto a los demás y conducirnos al reino de los Derechos Humanos.

en una clase hispánica de la escuela internacional de Saint-Germain en Laye, 1998
9. Recientemente han traducido la novela “La armada salvadora” del joven marroquí Abdela Taia. Está situada en Suiza, y el protagonista se da cuenta de que los emigrantes son tomados-utilizados-tirados como amantes, trabajadores o sirvientes.  ¿Qué te parece, en ese sentido, la actitud y comportamiento de Occidente? (Se podrían citar los casos particulares de Suiza y más en concreto de Austria: realidad, el día a día)

No conozco la novela citada, pero lo que su autor denuncia ha ocurrido siempre y en todas partes. A principios de siglo, los suizos de las clases altas o de los cantones hegemónicos usaban y tiraban a otros suizos, o a italianos, españoles y portugueses. Y Austria hizo lo mismo con los diversos pueblos, al sur y al este, de su otrora Imperio.
Pero ¿cuántos marroquíes no se comportan de la misma irrespetuosa manera con los saharauis?, ¿cuanto mauritano de piel clara no discrimina y explota a los negro-mauritanos?, ¿cuál es la terrible situación de la mano de obra indo-paquistaní en los ricos emiratos árabes?, ¿en qué espantoso genocidio acabó el conflicto entre hutus y tutsis; comunidades menos diferenciadas étnicamente que por su especialización como pastores y agricultores?
La lucha por la igualdad y el respeto del otro, del más débil, del más pobre, del menos educado es La Misión de la especie humana, el verdadero objetivo de su evolución a partir de una especie particularmente habilidosa de primates.

10. El plurilingüismo de países como Suiza es suficiente para garantizar la interculturalidad? En ese sentido, ¿la traducción tiene algún sentido en países de esas condiciones?

Tengo entendido que en Suiza la mayoritaria comunidad germano parlante no habla generalmente las otras lenguas oficiales: el francés, el italiano y el romanche. Si todos los suizos fuesen plurilingües serían la sociedad ideal que no son, y quizás respetarían más a los emigrantes no europeos. Pero ‑permítanme la boutade- gente tan virtuosa no podría ser una potencia bancaria mundial y el neutral país desaparecería.
Tampoco los belgas son todos trilingües francés-flamenco-alemán, ni todos los canadienses hablan francés e inglés.
Hay muchos países africanos donde la mayoría de la gente habla más de una lengua: el francés o el inglés de la antigua metrópoli, que sigue siendo lengua de cultura y de pasaporte, y más de una de las lenguas de las diversas comunidades étnicas que comparten nacionalidad. Desde ese punto de vista, tales países serían más ejemplares en términos de democracia que Suiza; pero tienen todavía pendiente la integración nacional y carecen aún de estructuras democráticas genuinas, eficaces y estables, así como de acceso generalizado a la cultura, empezando por la cultura escrita.
No menos triste es constatar que los peruanos, los paraguayos o los guatemaltecos prefieran estudiar el inglés al quechua, el aymará o el maya que habla la importantísima minoría indígena de sus respectivos países.
O sea, que el multilingüismo no resuelve todos los problemas socio-económicos y la traducción es y será siempre necesaria.

en la Feria Internacional del Libro de Salónica, Grecia, 2008 

11. Hay quien dice que en las editoriales y en las escuelas les interesa más el qué se dice, que el cómo; es decir, más el mensaje que el cómo esté expresado, y que eso empobrecería la literatura. ¿Estás de acuerdo?

Es abrumadoramente cierto. Tema y mensaje monopolizan la atención de quienes valoran y recomiendan las lecturas de los niños y adolescentes. La coherencia y densidad de la trama, la calidad de los personajes o el brillo del estilo son menospreciados no solo por las editoriales, los maestros y los bibliotecarios, sino incluso por la mayoría de los críticos y promotores. Y no solo en lo relativo a la interculturalidad y otros “temas transversales”. Muchos libros que se han publicado ‑incluso con gran éxito de venta y crítica‑, han sido valorados solo porque abordan una temática socialmente necesaria o ‑más cínicamente‑ porque “vende”.
Victorias pírricas…
Cuanto más importante es una temática, con más rigor ha de ser tratada. La cantidad no puede suplantar a la calidad, como la actualidad o el compromiso no pueden sustituir a la profundización y la autenticidad. O sea, parafraseando una famosa aporía: una buena palabra vale más que mil palabras… vanas.
Necesitamos buenos libros, con cerebro y corazón, como prometiera Nicolás Guillén en el título de su primer poemario. Buenos libros interculturales, buenos libros monoculturales, buenos libros.

visto el liceo francés de Munich, durante la beca que me ofreció
en 2005 la Biblioteca Internacional de la Juventud
12. Para terminar, ¿Has leído algún libro que te haya “abierto los ojos” y te haya dado la opción de sumergirte en otras realidades? ¿Qué libro ha sido?

Es una pregunta extremadamente difícil de responder. ¿Cuántos libros no me han abierto las puertas a mundos poco o nada conocidos? Y a la inversa, ¿cuántas situaciones de la vida o experiencias estéticas (cine, museo, música) no me han llevado a buscar más en los libros sobre una cultura que consideraba mía y que en realidad no conocía suficientemente?
Tengo la costumbre de acudir a mis diccionarios ‑que son numerosos- o a los de la excelente red de bibliotecas de París en busca de más información sobre creaciones y personalidades político-sociales, artísticas, científicas, sobre ciudades y países ignotos, animales y plantas desconocidos… que la actualidad me revela o recuerda.
Si leí los fascinantes Edda escandinavos fue porque viví en Dinamarca, si me asomé a La epopeya de Gilgamesh fue porque escuché cantar fragmentos del antiquísimo poema a Ahmed Azrié, si me pasé meses leyendo sobre los antiguos egipcios fue después de la exposición Los tesoros sumergidos de Alejandría en el Grand Palais de París (y para responder a las preguntas de un colega que escribía en Cuba una novela ambientada en el Antiguo Egipto). La incomparable novela anónima Aventuras de Simbad el Terreno me llevó a interrogarme sobre el mundo arábigo-pérsico y la fascinación que generó en la Francia del Siglo de las Luces, y si me hice algunas preguntas sobre la China decimonónima fue tras comparar “El ruiseñor” de Andersen con su adaptación por el cubano José Martí… Todo conduce a todo. Esas lecturas, que me remiten a épocas remotas, arrojan luz sobre la problemática actual entre el mundo musulmán y Occidente (mi Dictionnaire de l’Islam tiene hoy las páginas muy usadas), y me permiten tener otra mirada sobre mis vecinos de origen argelino, senegalés, israelí o palestino…
Siempre hay una laguna que colmar, un malentendido que esclarecer. Y es en esos huecos y falsas certidumbres donde se alojan los estereotipos y prejuicios que conducen al hombre a tanto acto estúpido, odioso o criminal.
Pero he leído relativamente pocos libros de los que suelen calificar como “interculturales” en las bibliografías usuales. Yo soy intercultural y vivo en un mundo intercultural; lo que necesito y prefiero son libros de las más variadas y diferentes culturas.
la entrevista original fue realizada a tres voces, la compartí con Inongo Vi Makomé y Javi Cillero

Joel Franz Rosell
Escritor e ilustrador cubano residente en París




[1] « A la rencontré de deux cultures, les romanciers beurs », par Alec G : Hargreaves. La revue des livres pour enfants. Paris, otoño 1990.






1/6/15

Ya está a la venta "Gatito y las vacaciones"



GATITO Y LAS VACACIONES






32 Pág. 23 x 16 cm.

ISBN: 978-84-8464-946-5

Precio: 11,00 € 

Distintos modelos de familia y circunstancias sociales diversas están representados en este

álbum con sabor a verano, playa, montaña, pueblo, viajes... o a otra manera de disfrutar 

del tiempo de ocio y descanso.



http://www.kalandraka.com/colecciones/nombre-coleccion/detalle-libro/ver/gatito-y-las-vacaciones/

firmando Gatitos en la Feria de Madrid 2013

La caseta de Kalandraka siempre brilla por su presencia (y la del publico)



20/4/15

Todos los días, son Dia del Libro

Mis agendas y cuadernos de notas están llenos de apuntes y reflexiones en torno al libro y la lectura. Desempolvo algunos con motivo del Día Internacional del Libro, que se celebra cada 23 de abril, en homenaje a Cervantes, Shakespeare y el Inca Garcilaso de la Vega quienes murieron el mismo aciado 23 de abril de 1616.



Leer  no es caminar sobre los pasos del que escribe. El lector emprende a solas el mismo camino que el autor y alcanza inevitablemente el mismo punto de llegada. Pero no anda al mismo ritmo, no repara en similares detalles ni experimenta iguales percances. El lector no viaja con el mismo equipaje, ni lo hace en idénticos día y hora (a veces, autor y lector son personas extremadamente diferentes, enclavadas en épocas y bajo cielos distintos y distantes). Forzosamente, lector y autor cruzarán el camino de disímiles personas y no verán al mismo pájaro volar… o sí, pero en dirección opuesta (el lector jamás compartirá, al milímetro, la sensibilidad, convicciones e imposiciones estéticas del autor). Incluso las flores del camino parecerán otras aunque la especie no haya mutado un gen; la estación no será la misma, no soplará idéntica brisa y, lo que es más importante: incluso si una y otra se repitieran con atómica precisión, la nariz es la de otro.

El escritor hurta disimuladamente a la Historia y le roba descaradamente a Su Historia.

La literatura no es la más fiel de las mujeres. Pero es tan bella y tan invenciblemente joven, que uno acaba por perdonárselo todo.

Yo no escribo aforismos, sino afuerismos. Porque hablo desde el exterior de la realidad. Hablo –en silencio, por supuesto- para mí mismo y para mi hermano el lector que puede, pese al silencio, escucharme.



Toda novela es una biografía. En general narra una vida ajena que el escritor sueña, pero a veces lo que se cuenta es la vida propia soñada como si fuese ajena.




No es hacer filosofía el afirmar que no existe literatura hasta que existe el lector. Pero no digo lector en sí -puesto que todo escritor es un lector; de su propia obra en primer lugar- sino lector en tanto que publico determinado. Así, no hubo literatura infantil mientras los niños no fueron considerados como su público determinado… y determinante.  



La Historia demuestra que no basta con saber, hay que creer. Ocurre lo mismo en literatura, particularmente en literatura de infancia: no basta con que el niño sepa ciertas cosas (el manual escolar se contenta con esto); es imprescindible que esas cosas las crea, las sienta, las viva.




Es mentira que la lectura sea un acto solitario... a menos que leamos algo que existe en un solo ejemplar. Al leer un libro estamos haciendo lo mismo que otros hacen, han hecho o harán. Estamos compartiendo la misma experiencia que decenas, centenas, miles e incluso millones de personas tuvieron anteriormente. Sin hablar de que, al leer, estamos reviviendo, recreando o descubriendo lo que el autor sintió al escribir.

El no lector abre un libro y solo ve letras, palabras; frases en el mejor de los casos. El lector abre un libro y ve bosques inmensos, océanos, volcanes; reinas y brujas; la Luna y el Sol; el pasado, el presente y el futuro, la guerra y la muerte; la vida, el sueño y el amor.




El libro y la buena mesa no van juntos, pero la lectura alimenta y, en casos extremos, ayuda a olvidar el hambre.

Hay farsantes, descendientes directos de los pillos que embaucaron al Rey Desnudo contado por Andersen, que publican cuentos sin palabras, sin ideas, sin trama, sin personajes, sin imágenes, sin humor… en resumen, que se limitan a enviar a los editores páginas blancas advertidos de (y, eventualmente, advirtiéndoles) que los tontos no ven el texto. Esos pillos publican sus “libros” con la misma advertencia en la contratapa. Y allá van críticos, libreros, bibliotecarios, padres y abuelas a comprarlos y a ofrecerlos a los chicos. Solo algunos pequeños se atreven a gritar: “¡El libro está vacío!” como mismo aquel niño del cuento gritó: “¡El rey está desnudo!”. Pero contrariamente al cuento de Andersen, son pocos los que escuchan y se ríen de los embaucados.





Todo texto literario es una partitura. Las palabras están tendidas sobre un pentagrama invisible ; pero los lectores saben poner la melodía. Su melodía.






Nadie sabe lo que intenta trasmitir el autor. No lo sabe el autor literario mismo (el autor no literario, sí que lo sabe y lo hace bastante explícitamente). El texto es un mensaje; pero no para el escritor, para quien su obra es un canto lleno de placer, de pulsión, de resonancias íntimas y compartidas. El lector entrará en sintonía con unos u otros elementos de la obra. Su posición no es la del destinatario que espera o recibe un –inesperado, no deseado, imprevisto- mensaje, sino alguien que busca mensajes en los textos que recibe. Todo libro es un instrumento... musical, lleno de posibilidades que cada cual hará sonar según sus competencias, capacidad, experiencia, sentimientos, necesidades.

me gusta decir que mis libros mezclan literatura para adultos y literatura infantil, lo que es una tautología parcial puesto que todo libro infantil es en parte un libro para adultos, porque la literatura es una sola y todo adulto fue, inevitablemente, un niño. Lo digo no solamente porque hay siempre adultos que leen libros de niños, sino porque todo niño contiene trozos del adulto que será (junto a otros trozos que, lamentablemente se hundirán en su subconsciente y aún se perderán completamente).


Me asombra la candidez -o el desparpajo- con que algunos autores de libros para niños confiesan que la motivación de un libro, y hasta de toda una Obra fue la de satisfacer la petición de un hijo o un nieto (frecuentemente enfermito o majadero). ¿Cómo es posible pretender que de una contingencia tan accidental y unívoca pueda salir una obra trascendente y universal? Para mí hacer literatura infantil es una necesidad expresiva, una disciplina dominada tras años de entrenamiento, de lecturas y tanteos, de sueños frustrados y de tentaciones avizoradas. Es posible que Proust haya tenido más talento que yo, pero no por eso se dedicó él a escribir para adultos y yo para chicos... ¿Imagina Ud. al egregio novelista francés confesando que escribió En busca del tiempo perdido el día en que su madre, sexagenaria y eventualmente resfriada, le pidió una novela?

Algunas grandes obras han nacido, no obstante, de la relación entre el autor y un lector individual (o no) concreto y cercano. Quizá el caso más famoso sea el de Lewis Carroll y Alice Liddel, pero también se puede citar el de Stevenson y el hijo de cierta señora de su afección o el de Astrid Lindgren y su hija; de esas contingencias privilegiadas, nutridas empero de una necesidad pre existente, nacieron “Alicia en el País de las Maravillas”, “La Isla del Tesoro” y “Pippa Mediaslargas”. Pero son mucho más frecuentes los libros de corto alcance resultantes del hecho de que sus autores sólo pensaban en una persona en particular (a veces, ellos mismos) cuando los escribían.



Yo solo sé boxear con guantes de papel.


No hay que confundir los meritorios libros infantiles para adultos,
 con los pueriles libros para adultos infantiles.


Tengo libros viajeros: algunos que estaban conmigo ya en Cuba, y me siguieron a Brasil, Dinamarca, Argentina y France; pero también otros que me encontraron en el camino y no me han dejado después, o que solo encontré después y gracias a un largo viaje. Hay libros que viajan conmigo en el avión; ya sea en la maleta confinada en la bodega o en el equipaje de mano… a mano por ser demasiado preciosos. Pero incluso aquellos que me siguieron por barco, en el contenedor con la mudanza internacional, acaban por reunírseme y celebramos con champaña el re encuentro. Para terminar, hay libros que emprenden conmigo viajes cortos, e incluso algunos que paseo simplemente, que saco a tomar el aire, y llevo conmigo como talismanes.

con mi libro "Javi y los leones" en San Juan, Puerto Rico

la primera máquina que utilicé: sala Juvenil de la Biblioteca Marti. Santa Clara, Cuba (foto de 1993

Comencé a escribir a mano, claro. Primero con lápiz (usaba los de dibujo, de mina muy dura, para no tener que estar sacando punta continuamente; así comencé a gastarme la vista y a los 15 años ya usaba gafas -"espejuelos" decimos en Cuba- de aumento). Luego pasé a los por entonces escasos bolígrafos. Cuando a mediados de los años 1970 quise comenzar a compartir mis escritos con los colegas de taller de escritura o presentarlos a premios literarios, comencé por acudir a alguna colega o amiga mecanógrafa. Una bibliotecaria de Sala Juvenil de la Biblioteca Provincial de Santa Clara tecleó mi primera novela (que ilustré... a mano, claro) y mandé al Premio UNEAC 1977. Pero mis obras eran largas y ella tenía mucho trabajo. Así comencé a teclear yo mismo en la Underwood de la foto: una máquina prehistórica, pero muy bien cuidada y de tipos redondos.
Fue al año siguiente que un amigo mexicano que partía de vacaciones, me dejó su moderna máquina portátil. En ella aprendí a teclear según las reglas del arte y mecanografié mi segunda novela, por primera vez de la primera a la última letra.
De mis máquinas posteriores no guardé ni el recuerdo de una foto, y tampoco de la máquina electrónica que utilicé durante mi estancia en Brasil '1989-1991) ni de mi primer ordenador, un Compaq portable que me acompañó 8 años. Pero esta ya es otra historia, porque en él comencé a escribir directamente sobre un teclado; abandonando para siempre la versión manuscrita previa y el enojoso mecanografiado ulterior
Lo dicho; esa es otra historia.

LA QUINTAESENCIA DE LA PACOTILLA

(Ideas que andan por ahí revoloteando y se le enredan a uno en el pelo)


Hay victorias pírricas, pero también derrotas pírricas e incluso empates pírricos.

Algunos proyectos que fracasan faltos de medios, y es una pena. Hay proyectos que fracasan faltos de fines, y es una suerte.

Andersen escogió contar la historia de un pequeño cisne
abandonado entre patos. Pero ¿cuál es la otra mitad de la historia? La madre cisne, ¿era una joven alocada que abandonó a su hijo? ¿o murió en el “parto” de aquel huevo? ¿O acaso sacrificó abnegadamente su vida por salvar la de su hijo, como la mamá de Harry Potter? Y si se trata de un error en el hospital materno, ¿qué ocurrió con el Cisnecito Feo...?

“Lo mío es un árbol geniológico”, dijo el Genio

Dios cró al hombre... y murió de parto.

Dios castigó tan duramente al hombre constructor de la torre de Babel, que le quitó las ganas de conquistar el cielo. Desde entonces no hacemos más que buscar el infierno. ¿Por qué ese brutal castigo? ¿Amenazaba el hombre de entonces la paz del cielo o simplemente Dios tuvo miedo a compartir su poder? ¿Quién es entonces el culpable de la maldad del hombre?

No tengo nada contra la desmitificación, salvo cuando el
desmitificador tiene menos talento que el autor del mito… y es,
desgraciadamente, lo que ocurre más a menudo.

Mientras más aislados, solitarios e individualistas más necesitamos de hábitos gregarios: compartir los mismos eventos deportivos, los mismos programas de tv, las mismas ropas… Las marcas son nuestra nueva tribu. Ya no podemos abarcar la comunidad a la que pertenecemos entr el resplandor de la hoguera, ahora la tribu la delimita la comunidad de consumo. Dentro de la enorme diversidad de la web, nos unifican los portales compartidos. La tele le gana al libro porque menos ubicuo, y el best seller sustituye a la obra original por lo mismo.

{ El vecino siempre tiene la barba más larga y menos quijada}

Era tan bello aquel texto, que había que ponerse de pie para leerlo

Todo el mundo puede apreciar el brillo del diamante, pero pocos y sabios son los que se regocijan con los íntimos destellos del carbón.

Yo si no sueño, me aburro de noche. Solo duermo porque sé que voy a soñar mucho. Y cuando acabo un sueño me despierto. Yo duermo para soñar.

El hombre ha buscado –otrora más intensamente- el Paraíso
terrenal. Incluso la búsqueda de vida extraterrestre va, en el fondo, en la misma dirección. Un día los hombres de ciencia nos dirán lo que no hemos querido saber: el Paraíso estaba aquí mismo, en la época en que el Hombre aún carecía de fuerzas para destruir a sus semejantes y a su medio. Ese Paraíso lo hemos convertido en Infierno: un infierno con espacios o momentos de Purgatorio.

Los peces no mueren, naufragan.

(Tengo músculos de payaso)






PRIMER ESCRITOR QUE VISITA LA ESCUELA FRANCESA DE LA HABANA

PRIMER ESCRITOR QUE VISITA LA ESCUELA FRANCESA DE LA HABANA
los pequeños de CP examinan mis libros La canción del castillo de arena y La bruja Pelandruja está malucha

El 17 de febrero pasado visité la Escuela Francesa de La Habana. Es quizás uno de los más pequeños establecimientos educativos franceses en el extranjero, pues solo hay un grupo por cada nivel de enseñanza primaria y los estudiantes secundarios siguen básicamente “cursos a distancia”. No obstante, la escuela francesa de la capital cubana tienen creciente demanda y prevé la próxima construcción de un nuevo edificio y la ampliación de oferta educativa.

Apenas entrar me sentí en un colegio francés: los juegos instados en el patio, los muebles, los mapas y dibujos en las pareces, el aspecto general de la biblioteca... todo era idéntico a las numerosas escuelas que he visitado en Francia. Pero los grandes árboles que sombreaban el patio y el propio sol así mantenido a distancia, el cielo azul, los olores... todo ratificaba que me hallaba bien en Cuba.

La bibliotecaria, los maestros y el director me recibieron con entusiasmo y, para mi sorpresa, me revelaron que yo era el primer escritor que visitaba la escuela. Sé que soy el único escritor infantil cubano que ha publicado varios libros en Francia, pero contaba con que alguno de los numerosos franceses que aman y vistan Cuba fueran escritores para chicos y se hubiesen dado un salto a un colegio donde niños franceses y de otras muchas nacionalidades (varios con un progenitor cubano y el otro extranjero) estudian en la lengua de Molière (o Perrault, Julio Verne, Pierre Gripari... para aludir a autores consagrados por la infancia).

Incluso pude esperar que en país donde la literatura infantil fue casi inaugurada por el gran José Marti (para no hablar de grandes autores contemporáneos como Dora Alonso, Onelio Jorge Cardoso o David Chericián) algún colega, incluso no traducido al francés, hubiese presentado allí alguna obra.

El caso es que me sentí más escritor francés y cubano que nunca. Bajo el criollísimo sombrero de yarey siempre es posible llevar también la famosa boina francesa... aunque lo cierto es que he publicado más libros (siete) en Francia que en Cuba (cinco), y eso que cuando abandoné mi país natal a los 34 años ya tenía muy definida mi carrera literaria. De hecho, ingresé en la cultura francesa mucho antes que en su territorio (1994) y actualmente leo, pienso y sueño habitualmente en francés; aunque sigo escribiendo la mayoría de mis textos en español... y no solo los que hablan de Cuba.

De estas y otras cosas, relacionadas con mi trabajo de escritor e ilustrador, y con mi vida un tanto nómada, hablé el 17 de febrero pasado con unos encantados y sobre todo encantadores niños de la École Française de La Habana. Solo pude dejarlos tras prometerles volver con mis nuevos libros (por ejemplo ese Petit Chat Noir a peur du soir que ya estaba circulando en Francia y que yo solo descubriría a mi regreso, una semana más tarde). También prometí, a los chicos y a sus educadores, consagrarles más tiempo la próxima vez; un taller de escritura, tal vez.

Mientras tanto, ojalá que algún otro escritor cubano publique en Francia o que algún escritor francés sea traducido en Cuba, o cualquier otra variante permita un mayor acercamiento entre ambos países a través de sus respectivas literaturas y lenguas. Al fin y al cabo, Francia y Cuba ya se encontraron en “La Edad de Oro” el gran clásico para niños de José Martí: en esa obra insigne no solo figuran dos cuentos traducidos del francés Edouard de Laboulaye, sino numerosas ilustraciones de otro galo, célebre en el siglo XIX: Adrien Marie... quien inspiró algunas de las bellas páginas escritas por el cubano para su revista (pero esto es tema para otro momento).